La piedra de los miedos

Obsidiana, su fuerza nos quita las vendas de los ojos del alma

Carla Iglesias.
Aqua Aura

La gran familia de las obsidianas a veces resulta un poco compleja a la hora de identificarlas. Negras, nevadas, arco iris, doradas y plateadas, según su color, se puede apreciar un matiz especial en su trabajo. Las obsidianas –muy apreciadas en gemoterapia– se dividen en categorías como una escalera, según la intensidad de su fuerza y vibración. Normalmente, como las rige el planeta Plutón, se recomienda siempre trabajarlas juntamente con una piedra que “dulcifique” su respuesta.

Con el mero hecho de llevar una obsidiana colgada ya estamos destapando facetas de nuestro mundo interior. Su fuerza nos hará ver con los ojos más profundos todo aquello que en su día no quisimos percibir. El ejemplo sería un estanque de agua pura y cristalina que de repente se revuelve y así saca todo el fango de lo más profundo y así consigue separar lo nuevo de lo viejo, lo que sirve y lo que simplemente actúa de ancla para no permitirnos seguir.

A veces, la manera como nos afecta la vibración de la obsidiana produce miedo… precisamente por eso es conocida como “la piedra de los miedos“, pero su verdadera fuerza está en quitarnos las vendas de los ojos del alma, destapar las realidades que nuestro ego y mente han disimulado por defensa propia.

El momento de trabajar con una obsidiana tiene que ser meditado, elegido, y también debería ser paulatino. Mi recomendación siempre es empezar por una obsidiana negra y varios días después seguir con una obsidiana nevada, en pequeños canto rodados, en meditaciones cortas, siempre bien limpias en sal seca y potenciadas con humo de un incienso.

Las obsidianas deben de estar guardadas y resguardadas de la luz hasta el momento de la meditación y después de cada trabajo es conveniente lavarlas, secarlas y dejarlas descansar.

Poco a poco, la intuición nos irá guiando por los sueños simbólicos del conocimiento de nuestra propia sombra, gran maestra y aliada pero compleja conocedora de nuestras trampas emocionales.
Las siguientes obsidianas deberían ser las arco iris, luego las plateadas y finalmente las de reflejo dorado, para adentrarnos en su brillo, hasta la inmensidad del profundo espacio donde el vacío nos espera y solo conseguimos llegar si estamos libres de cargas, culpas y torpes y densos miedos que vamos forjando en el camino elegido por nuestro “Ser”.

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Todo gemoterapeuta en algún momento siente la llamada de la obsidiana y lo fundamental es empezar y acabar el trabajo, que tiene el símbolo de unas escaleras… Una vez arriba, solo nos queda volar y disfrutar de la levedad de nuestra alma, sin cargas.

Es muy importante llevar un pequeño diario de ese tan especial trabajo de autoconocimiento. Nunca debemos forzar el trabajo con las obsidianas, jamás deberíamos frivolizar las prácticas realizadas por chamanes con los espejos de obsidiana, pero siempre deberíamos informarnos antes de acercarnos a algo tan sagrado.

Existen terapeutas especializados en trabajos de obsidianas y principalmente debemos de seguir siempre nuestra intuición y nuestro maestro interior, que llegado el momento seguramente nos guiará.
Acercaros con respeto pero con transparencia y verdad a esa piedra mágica y ella os retribuirá con creces.

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