Aurelio Álvarez Cortez
En una época encandilada con la utilidad, el rendimiento y el crecimiento personal, se busca el bienestar, el éxito o la autorrealización. Sin embargo, se siente que falta algo esencial para tener una vida con sentido.
Como advierte Svend Brinkman, filósofo, psicólogo y profesor universitario danés, el problema no es querer mejorar sino una lógica que convierte todo en instrumento (la instrumentalización): el arte se convierte en entretenimiento; la infancia, en inversión de futuro; la educación, en calificaciones y resultados; el amor, en cálculo. La consecuencia de ello, cuando solo importa la utilidad, es que el sentido desaparece.
Frente a esto, Brinkmann rescata diez principios filosóficos en “Puntos de apoyo” (Editorial Kōan) que poseen valor en sí mismos, como el bien, la dignidad, la verdad, el amor o la libertad, recurriendo a figuras del pensamiento universal como Aristóteles, Kant, Nietzsche, Kierkegaard, Arendt o Camus, entre otros. Y así ha respondido a los interrogantes que Tú Mismo ha extraído de su publicación.
-El punto de partida de su ensayo es la afirmación de Woody Allen de que la vida carece de sentido porque formamos parte de un universo puramente físico condenado a desaparecer. Un pensamiento trágico y desmoralizador. Ante esto pone el foco en argumentos reflexivos, ¿podría decirse “esperanzadores”?
– Sí, la cuestión es que no se encuentra ningún sentido si se adopta esta perspectiva cósmica. Sin embargo, si se observa la vida desde una perspectiva más íntima, sí se encuentra valor, propósito y significado, lo cual es un mensaje esperanzador.
-Para encontrarle el sentido, ¿basta con observarla o hay que zambullirse en la vida?
-En mi opinión, deberíamos hacer ambas cosas. La filósofa Hannah Arendt habló de dos modos de vida: la vida activa y la vida contemplativa. Una vida plena implica tanto la participación y la inmersión en actividades importantes, como la capacidad de distanciarse de todo de vez en cuando para reflexionar y meditar.
-Señala que una de las tendencias más perjudiciales de la sociedad actual es la transformación de los medios en fines. ¿Qué consecuencias derivan de ello?
-Pues bien, lo que considero peligroso es la confusión entre fines y medios. Significa que tratamos fenómenos valiosos en sí mismos, como el amor, el perdón, la dignidad humana, etcétera, como medios para conseguir algo más, lo que implica que su valor se vuelve relativo a lo que obtenemos de ellos.
Pero el sentido del amor, del perdón, etcétera, es simplemente amar y perdonar, no alcanzar un fin externo. Este proceso se denomina instrumentalización, muy extendido en la vida moderna, y nos hace infelices, porque la felicidad humana a menudo reside en hacer las cosas por el mero placer de hacerlas.

-La línea divisoria entre una visión instrumental de la vida y otra basada en valores no siempre es del todo clara. ¿Cómo sería posible diferenciarlas?
-Tal vez simplemente deberías preguntarte “¿por qué hago esto?”. Y si la respuesta es que hago algo simplemente por el placer de hacerlo, por ejemplo, cocinar la cena y comer con mis amigos, entonces es un fin en sí mismo.
-¿La instrumentalización oscurece la percepción de lo que de verdad tiene sentido?
-Creo que sí. El significado se encuentra en el valor intrínseco y rara vez en las actividades instrumentales, aunque estas también son necesarias para subsistir.
-Advierte que en un contexto cada vez más instrumental y utilitarista, las asignaturas de humanidades corren grave peligro, cuando en verdad la utilidad de muchas disciplinas —entre ellas, las humanidades— radica en su inutilidad. ¿Puede explicar brevemente esta supuesta paradoja?
-La utilidad de lo aparentemente inútil radica en una necesidad existencial más profunda de significado y valor. ¿Por qué estudiar historia, por ejemplo? ¿Solo para poder actuar con sabiduría en el presente? ¿O acaso también es intrínsecamente significativo para los seres humanos conocer nuestro pasado compartido? Yo diría que lo segundo. El conocimiento más importante que poseemos a veces es aquel que parece de poca utilidad, aunque resulte útil a un nivel más profundo.
-En otro apartado, hace una crítica a la psicología afirmando que ha desempeñado un papel activo en el proceso de instrumentalización social desde su constitución como ciencia, a finales del siglo XIX. ¿De qué modo podemos constatarlo?
-La psicología ha ayudado a las personas a crecer, aprender y desarrollarse mediante terapias y técnicas mentales. Sin embargo, se ha reflexionado poco sobre el valor de la acción.
Los psicólogos pueden, por ejemplo, ayudarnos a liberarnos de emociones negativas como la culpa, pero a veces este sentimiento está justificado, porque, de hecho, uno es culpable. Por lo tanto, si solo contamos con técnicas sin comprender los fines, corremos el riesgo de vaciar la psicología de valores.
-Asimismo, expresa que es mejor ser una buena persona, en sentido moral, que ser uno mismo. ¿Es que ser verdaderamente uno mismo, en esencia, no influye en ser una buena persona?
-¿Por qué habría de ser así? ¿Por qué los terroristas u otros criminales no deberían ser ellos mismos? Creo que es un dogma sin fundamento afirmar que uno es necesariamente bueno solo por ser uno mismo.
-Si la filosofía nace de la decepción, como dice el filósofo Simon Critchley, en una sociedad tan decepcionada como al parecer es la actual, ¿por eso se recurre tanto al estoicismo, por ejemplo, como recurso existencial?
-Probablemente sea así, y encuentro mucho que admirar en el estoicismo. Sin embargo, creo que los estoicos sobreestimaban la capacidad humana para controlar nuestros pensamientos y actitudes. Creo que somos más vulnerables, existencial y moralmente, de lo que ellos afirmaban.
-¿Es posible debatir sobre valores de forma racional, en lugar de batallar e imponer nuestras opiniones subjetivas a los demás?
-Sí, podemos debatir sobre valores racionalmente. Toda la tradición filosófica lo demuestra.
-Presenta diez conceptos de filósofos de distintas épocas para recordar qué elementos de la vida son importantes y tienen sentido, como la dignidad, la libertad, el miedo, el amor, el perdón, entre otros. Le pido solo uno, que quizá resuma el mensaje que quiere compartir con sus lectores.
-El amor, que implica la comprensión de que existe algo real más allá de uno mismo. Por eso no podemos amarnos a nosotros mismos. El amor, en este sentido, nos aleja del ego y nos acerca al mundo y a los demás, y, a mi parecer, lo necesitamos más que nada.
-Finalmente, ¿debemos vivir moralmente porque es bueno hacerlo, no porque nos haga felices o sea saludable?
-Afortunadamente, las investigaciones demuestran que somos felices al ser moralmente buenos. Pero esa no es la razón por la que debemos esforzarnos por vivir moralmente, sino porque es importante en sí mismo.
Imagen portada: Svend Brinkmann




