Ciencia sí, cientificismo no

Un fundamentalismo que va en desmedro de la bien intencionada libertad de investigación

Dr. Adolfo R. Ordóñez

Vivimos una época la cual, evidentemente, tiene mucho que agradecer a la ciencia (que no hemos de confundir con los científicos, que son humanos, y como tales, suelen equivocarse), pero no por ello debemos dejarnos engañar y manipular por uno de los ‘ismos’ derivados de la práctica científica. Me refiero al cientificismo, que es un “fundamentalismo” tan peligroso como cualquier otro, y en el que, sin embargo, es tan fácil caer, en desmedro nada menos que de una bien intencionada “libertad de investigación”.

Los grandes “edificios” de las ciencias han obtenido muchos logros y saberes notables gracias al llamado ‘método científico’. Pero ello no significa que no le sea dado a los seres humanos adquirir conocimientos verdaderos y útiles usando “otros métodos”. Pues bien, esa inválida suposición es lo que constituye el cientificismo. Pongamos un ejemplo, los conocimientos filosóficos, que además tienen la virtud de servir a modo del terreno y los cimientos sobre los que se apoya todo (y cualquier) edificio de conocimiento científico. Y sabemos que sin poner los cimientos en un terreno apropiado, no hay edificio que se sostenga.

Como hay muchas concepciones filosóficas y paradigmas (muchos tipos de terrenos), es natural que haya distintas formas de hacer “edificaciones científicas”. Ahora bien, cada “paradigma” concibe su apropiado “método científico”. Por ejemplo, usar los sueños para interpretar lo que le ocurre a una persona es un método muy válido en psicología, pero no lo es en biología.

Lamentablemente, siempre hay algunos que se creen capaces de poder juzgar y decidir qué es ‘científico’ y qué no con total intolerancia, y según sus propios prejuicios.

Recientemente, ha surgido una peligrosa confusión entre todo lo anterior en España. Y, además, acompañado del temor ocasionado por una lamentable muerte. Esa mezcla, lo sabemos, no nos conduce por una buena senda. Sin embargo, siempre es útil oír la voz de la experiencia:

«La OMS apoya el uso de las medicinas tradicionales y alternativas cuando éstas han demostrado su utilidad para el paciente y representan un riesgo mínimo. […] Pero a medida que aumenta el número de personas que utiliza esas medicinas, los gobiernos deben contar con instrumentos para garantizar que todos los interesados dispongan de la mejor información sobre sus beneficios y riesgos».

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La Homeopatía, la Acupuntura, el Reiki y otras formas “complementarias” de prácticas terapéuticas, por ejemplo, están basadas en paradigmas diferentes a los de la Medicina Alopática o tradicional, pero no por ello han de ser cercenadas o prohibidas. Hacerlo sería un “abuso de autoridad”, un atropello a la libertad de elegir un tipo de terapia, y finalmente, un perjuicio para todos. En efecto, si esas prácticas se comprueban –a la larga– ya sea eficientes, o no, eso sería una información buena para todos. ¿Y no sería mejor contar con ella, que suprimirla por una injustificada e irracional prohibición?

Se suele “descartar” la Homeopatía argumentando que con tantas diluciones ya no queda casi ningún átomo o molécula de la sustancia supuestamente curativa. Por lo tanto, se está “engañando” al paciente con puro líquido solvente. Pero con ese modo de pensar, se hace énfasis en lo “corpuscular”, y no se tiene en cuenta el aspecto de la “información activa” que complementa –como ocurre en la Física Cuántica– lo corpuscular, y que no tiene por qué perderse en las diluciones homeopáticas. A ello hay que agregar los rotundos éxitos de ese proceder en múltiples tipos de padecimientos. Hay otras explicaciones, como las de la Antroposofía, de Rudolf Steiner (en las que no podemos entrar aquí), que seguro han influido en la confianza de la Homeopatía que demostró tener la gente en Alemania.

La Acupuntura es una técnica milenaria en China, y está basada en la existencia de “meridianos” parecidos a los geográficos, pero en nuestro cuerpo, y que van uniendo “centros de energía”.

Con respecto al Reiki, es enseñado como una técnica inofensiva –pero más efectiva de lo que podría suponerse–. Y casi todas las personas que han sido tratadas afirman que les hizo bien, que los calmó física y psicológicamente. La base teórica incluye el flujo de “energía vital” hacia la zona o persona desvitalizada (ya que eso es lo que se necesita para mejorar).

Según la OMS, “existen pruebas empíricas y científicas que avalan los beneficios de la acupuntura, las terapias manuales y diversas plantas medicinales en diversas afecciones crónicas o leves. Por ejemplo, la eficacia de la acupuntura, tratamiento popular para aliviar el dolor, ha sido demostrada tanto en numerosos ensayos clínicos como en experimentos de laboratorio. Por ello, el 90% de los servicios de tratamiento del dolor del Reino Unido y el 70% de Alemania incluyen la acupuntura entre los tratamientos que dispensan”. [Ver OMS en Internet]

¿Acaso hay alguien lo suficientemente necio como para pretender que puede demostrar que todo ello es falso o “malintencionado”? Entonces, por favor, ¡let it be!

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