Estreno de un nuevo año

Y del resto de nuestra vida

Queda inaugurado 2026, con sueños y la frescura propios de lo recién estrenado, confiando en que este año será mejor que el anterior. Ante este panorama ponemos una alfombra roja, como la que besa los pies de los artistas en la noche de la presentación de cualquier película de una súper producción.

Empezamos con buenos propósitos: ir al gimnasio, aprender inglés, dejar de fumar, empezar a meditar, tomarnos la vida de otra forma, cambiar… pero desafortunadamente la mayoría de ellos se quedarán en el camino, sin producir ninguno o escaso resultado.

Todo árbol bueno produce buenos frutos y todo árbol malo produce malos frutos, según un pasaje bíblico, y cualquier agricultor lo puede suscribir.

En esta cuestión, el árbol es la mente; las semillas, los pensamientos. Los frutos que acopiemos este año serán idénticos a las semillas de las que procedan, así que por más nuevo que sea el año, si la mente es “vieja”, si nuestras creencias son las de siempre, nada nuevo bajo el sol sucederá, con excepción de alguna pequeña diferenciación en el atrezo, pero se repetirá la misma función.

Así, surgirán problemas que han cambiado de forma, pero que en el fondo revelan idéntica insatisfacción.

¿Quieres tener un año maravilloso? Vive el presente de manera confiada, teniendo presente que aquello que siembras hoy lo recogerás mañana.

El futuro es la respuesta al presente. Pongámonos manos a la obra, comenzando a sembrar semillas constructivas que se convertirán en árboles formidables e inalterables.

Alguien sugirió que tenemos la cabeza redonda para que las ideas puedan cambiar de dirección. Si deseamos cambiar nuestras vidas, debemos empezar a mudar nuestros pensamientos por otros de mejor calidad, descubriendo y reconduciendo las ideas previas que llevamos puestas y que nos lo impiden.

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Sólo después de arrancar esas “malas hierbas” podremos cimentar una vida más equilibrada, armónica, influyendo sobre el pensamiento y la emoción. Todo esto sabiendo que la práctica fragua maestros.

Comienza hoy esa tarea, la más difícil, quizá, pero también la más fascinante: la construcción de ti mismo.

Imagen: Andrew Neel.



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Stanislav Kondratiev
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