La vida, un continuo de consciencia

Inmersos en el presente, es imposible aburrirse

Amar la vida es aceptarla tal y cómo es, aunque duela. Para eso necesitamos crecer. ¿Qué pasa si adoptamos un nuevo punto de mira? ¿Qué nos separa de la alegría de vivir? ¿Qué es el aburrimiento? ¿Qué significa desconectar de nuestras sensaciones, sentimientos, emociones? ¿Qué ocurre cuando cedemos el poder personal? ¿Qué nos bloquea a la hora de encontrar un trabajo o una historia de amor?

¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Cómo manejar la rabia, la tristeza, las pérdidas? ¿Es verdad que un síntoma físico revela el lenguaje del alma? ¿Por qué cometemos siempre los mismos errores?

Toda pregunta que nos hacemos necesita respuesta. Un darse cuenta que no es solo una explicación intelectual, sino la vivencia corporal y psíquica precisa. Una comprensión que viene desde dentro, nada que no emerja desde el interior tiene valor.

La vida es un continuo de consciencia. Cuanto más arraigados estamos en el aquí y ahora, menos asuntos inconclusos del pasado nos asaltan, y más libres somos para percibir lo que está ocurriendo en este instante, más potencia y audacia tenemos a la hora de actuar.

Si es cierto que somos al ciento por ciento responsables, también lo es que a veces nuestra energía está secuestrada en un bloqueo desconocido y necesitamos apoyo y orientación para sacarle los colores a la vida, que los tiene.

El ser humano en sí es un ser libre y creativo, cuyo comportamiento depende más de la estructuración interna que de presiones exteriores. Se trata de vivir intensamente desde el ahora, cultivando el dejarse llevar (“puro zen”) por lo que sucede, ya que el río fluye solo.

Con una expresión libre y espontánea, el cuerpo se reafirma como sede del alma. Se liberan conceptos introyectados que paralizaban. Se integran polaridades contrapuestas y se instala la aceptación de lo que se es.

De este modo puede desplegarse una forma nueva de interactuar con el mundo. Más real, más esencial y verdadera. Poniendo el énfasis en las necesidades, no solo orgánicas, sino también de logro del sí mismo y su potencial.

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La meditación, la danza, el dibujo, la escritura, entre otras actividades, pueden sumarse como formas de autodescubrimiento.

El desarrollo humano así facilitado potencia la creatividad, la capacidad para afrontar crisis existenciales, favoreciendo la salud y la comunicación en terrenos como la educación, la familia, la pareja o la empresa.

A veces tenemos talentos escondidos que necesitan ser puestos al día. Somos abogados porque algún familiar lo quiso o propuso, cuando también podríamos ser artistas plásticos o poetas. Necesitamos otro entorno y nos faltan alas. Queremos ver el mismo paisaje con otras gafas, y no lo conseguimos.

Para vivir la vida con pasión es preciso quitar armaduras, máscaras, corazas que se oxidan con facilidad. Contar con un espacio de apoyo es un gran privilegio, para poder desplegar sueños, proyectos, y expresar lo que permanece escondido en las entretelas del alma. Un lugar único de afecto, sorpresa, inteligencia emocional, desbloqueo energético, toma de conciencia, seguridad y aprendizaje del aquí y ahora, a través del proceso personal.

Inmersos en el presente, es imposible aburrirse (aunque el aburrimiento resulta ser terreno fértil para la creatividad). Regresa la intensidad y la magia hasta en lo más cotidiano.



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Stanislav Kondratiev
de Unsplash