Al hablar de la transformación en el plano humano, en especial nos referimos a la transformación de la conciencia; conciencia entendida como el estado de “darnos cuenta que nos estamos dando cuenta” o de “ser conscientes de que somos conscientes”. Todo ello para una nueva perspectiva para ver otras perspectivas, un cambio de paradigma.
¿Estamos preparados para observar en nosotros lo que vemos en los demás?
¿Aplicamos el juicio crítico siendo parte del análisis?
¿Somos humildes y flexibles… o soberbios y rígidos?
Se puede vivir poderosamente una crisis como la gran oportunidad, como un camino posible por donde transitar, haciendo de la experimentación, el juego, el ensayo, la elevación transformadora.
Y he aquí dos pensamientos significativos:
“La curiosa paradoja es que cuando me acepto como verdaderamente soy, entonces puedo cambiar“, según el psicólogo humanista Carl Rogers.
“Si las puertas de la percepción quedaran limpias, cada cosa aparecería como es: infinita…”, según el poeta y pintor William Blake.
Si somos caja de resonancia de lo que sucede, depende en qué estado se encuentre esta caja, lo que podremos comprender. Cuanto más limpia, más sensible, más permeable, más efectivos seremos.
Darnos cuenta es tomar conciencia de nuestra realidad, presente o no, tanto de nuestro mundo físico como del mental y del emocional.
Recordemos, por tanto, que nuestros sentidos y percepciones nos permiten tomar contacto, por medio de la experiencia, con lo que acontece adentro y afuera de nosotros mismos; ayudan a explorar, a profundizar nuestra capacidad para darnos cuenta del mundo exterior, de nuestro interior y de la realidad imaginaria, vinculada con el pasado o el futuro.
Imagen: Taryn Elliott



