El grado de resiliencia

Es hora de reinventarse, de trazar las guías por donde caminaremos en las próximas décadas

Emi Zanón
Escritora y Comunicadora

“La adversidad tiene el don de despertar talentos que en la prosperidad hubieran permanecido dormidos”.Horacio

Cuando el Gobierno español decretó el segundo estado de alarma nacional, lo primero que vino a mi mente es la palabra “resiliencia”, un término que hasta 1972 era utilizado solamente en la física de los materiales para expresar sus cualidades como resorte.

El término, como su raíz latina “resilio” indica, significa volver atrás, dar un salto o rebotar. Fue el llamado “padre de la psicología infantil”, Sir Michael Llewellyn Rutter, quien empezó a utilizarlo en las ciencias sociales y desde entonces, y ahora más en este tiempo de pandemia, es un término que está muy presente en nuestras vidas y no para indicarnos o recordarnos precisamente que volvamos para atrás, a lo que llamábamos “normalidad”, a lo que éramos, sino para que miremos hacia adelante, para que crezcamos hacia algo nuevo tanto individualmente como colectivo humano.

Como muy bien decía el poeta Horacio, la adversidad tiene el don de despertar talentos que de otro modo no hubiesen despertado.

Es hora de reinventarse, de sacar nuestros talentos a la luz, de trazar las guías por donde caminaremos en las próximas décadas.

Son muchas ya las empresas, por ejemplo, que han empezado a trabajar su resiliencia estratégica, potenciando su capacidad de fortalecerse en estos tiempos de incertidumbre para asegurarse el éxito a largo plazo, convirtiéndose en empresas resilientes que tienen la capacidad de detectar problemas y convertirlos en oportunidades.

También las condiciones de la Unión Europea para España para conseguir el fondo monetario anticrisis pasan, además de la transición digital y verde, por una estrategia resiliente, por un plan de inversión y reformas que garantice nuestro futuro.

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Y son muchas las personas que, de igual modo, han empezado a ser conscientes de su grado de resiliencia, de su fortaleza ante la adversidad o, lo que es lo mismo, a ser conscientes de cómo está su “sistema inmunológico anímico” (no recuerdo dónde leí esta definición, pero es acertadísima a mi entender).

Porque en definitiva se trata de ello, de cómo nuestro sistema inmunológico anímico responde a este duro revés que la vida nos ha dado para que demos un salto hacia adelante, hacia una sociedad más igualitaria, respetuosa y sostenible.

Se trata de ver cómo nuestras defensas anímicas responden ante el miedo que intenta paralizarnos y deprimirnos; ante la pérdida de un familiar querido; ante la carencia y la falta de libertad… Es ahora cuando podemos medir nuestro grado de resiliencia. ¿Cómo estamos respondiendo en estos momentos?, ¿estamos ansiosos?, ¿deprimidos?, ¿tenemos paz interior a pesar de todo?

Lao-Tse, considerado uno de los filósofos chinos más relevantes e influyentes de la cultura china y también en Occidente, en su célebre obra “Tao Te Chin”, dice que si estás deprimido es porque vives en el pasado; si tienes ansiedad, vives en el futuro, y si estás en paz, vives el presente.

Con estas sabias afirmaciones puedes hacerte un rápido y valioso chequeo anímico y saber cómo estás proyectándote en estos difíciles pero trascendentes tiempos, cuál es tu grado de resiliencia y qué puedes hacer para mejorarlo.

La vida no tiene otra finalidad que perpetuarse y para ello necesita cambiar y adaptarse. Nuestra humanidad para perpetuarse necesita cambiar y un alto grado de resiliencia, de fortaleza, entendimiento y creatividad.

Dentro de muy pocos años, todo esto que estamos viviendo lo recordaremos como una de tantas crisis por las que la humanidad ha pasado a lo largo de la historia que nos ayudó a seguir adelante con valores renovados y hacia un mayor bienestar.

Nos espera un futuro maravilloso, aunque tengamos ahora grandes dudas. Cuando nuestros padres eran pequeños vivieron una guerra y una posguerra, y seguramente en aquel entonces no hubiesen imaginado los años de abundancia y democracia que tuvieron después en su madurez.

Podemos ir pensando que dentro de una década o quizá antes estaremos viviendo en un mundo nuevo en el que la nanotecnología, la nanociencia, nos habrán resuelto muchos de los problemas que hoy nos acechan: las pandemias y la salud, el cambio climático, los recursos naturales…

El mundo cuántico, el mundo subatómico, es nuestra mayor esperanza y nuestra gran revolución, y cuanto más se invierta en ello, más pronto tendremos soluciones.

Todo ello, acompañado, por supuesto, de un cambio profundo de conciencia individual que nos lleve hacia una espiritualidad libre y universal, hacia esa unidad de la que nos hablaban los grandes maestros de la antigüedad y que ahora el mundo cuántico corrobora.

Empieza, pues, a buscar tus talentos si todavía no los has descubierto y reinvéntate sin temor. Haz lo que siempre has querido hacer: sé coherente con lo que piensas, sientes y haces.

Verás que de esta manera no solo vivirás mejor estos tiempos, licenciándote en resiliencia, sino que ayudarás a los demás a que también los vivan mejor.

¡Un fuerte abrazo de Luz y feliz mes de noviembre!

emizanonsimon.blogspot.com.es



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