Qué significa ser bueno

Cuando vienen los Reyes Magos, cuál es el auténtico regalo, el regalo por excelencia

Emma Barthe
Psicóloga

Llegan los Reyes Magos de Oriente, aparentemente, cargados de regalos para aquellos que han sido lo suficientemente buenos para ser merecedores de ellos, si no ya sabemos lo que pasa para nuestra desilusión: nos traen carbón en lugar de presentes. Yo misma recuerdo haber recibido algún trocito de carbón como recordatorio de que todavía quedaba algo por mejorar en mi comportamiento.

Tenemos que ser buenos, de eso se trata. ¿Pero qué significa verdaderamente ser buenos? ¿Ser buenos con respecto a qué o con respecto a quién? Tal vez lo que sea bueno para unos no sea tan bueno para otros. ¿Acaso existe un acuerdo acerca de lo que implica ser bueno, ser bueno absolutamente?

Es cierto que la bondad como virtud nos dispone hacia el bien y nos desvía de la inclinación hacia el mal, pero una vez más llegamos al mismo punto: ¿qué o quién decide o marca la línea que separa el bien del mal? O lo que puede ser más filosóficamente trascendental, ¿qué es el bien y qué es el mal?

Si has sido bueno, premio, compensación, beneficio; si has sido malo, falta, sanción o castigo. Si has sido bueno, al cielo; si has sido malo, al infierno.

Como psicóloga me encuentro con personas que sin dudar de su bondad esencial han adoptado comportamientos y actitudes capaces de dañar a otros y de dañarse a sí mismas, de una forma incluso alarmante y peligrosa, por una cuestión de falta de autoconocimiento y libertad para desarrollarse desde la plenitud del Ser. Lo que me ha llevado a la conclusión de que la libertad es más significativa que la bondad

La libertad está reñida con la maldad. La bondad va acompañada de libertad.

Una persona libre, libre de condicionamientos y automatismos, de conformismos y prejuicios,
de creencias limitantes y verdades a medias, de complejos y conflictos internos; libre incluso
de la memoria de todas las impresiones y huellas de su pasado y, por supuesto, libre del peso de
las expectativas y la presencia constante del miedo a no ser suficiente, como abanderado de
su personalidad, es incapaz de atentar contra otra -aceptando su propia libertad- y mucho
menos contra sí misma.

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Donde no hay libertad para Ser, para Ser libremente, existe resistencia a soltar. A soltar todas las dependencias sentimentales, sometimientos a lo conocido y rendiciones ante aquel o aquello que se le ha otorgado autoridad para dirigir nuestra vida desde su propia esclavitud y ausencia de libertad. Donde hay apego y resistencia no puede haber bondad, esa clase de bondad que nos acerca de manera pura y sincera a la expresión de nuestra naturaleza esencial.

Cuanto más nos alejamos de nuestra auténtica naturaleza, más probabilidad existe de desviarnos del camino del bien y adentrarnos en el camino del mal, entendiendo por mal todo aquello que desvirtúa nuestra naturaleza auténtica, que oculta nuestra potencialidad real y aparta del Ser esencial.

Abiertamente reconocería que es mucho más importante ser libre que ser bueno.

Donde hay libertad para Ser hay Conciencia de Ser. Donde hay Conciencia de Ser, hay Bondad en el Ser. Donde hay Bondad en el Ser, hay Amor. Y donde hay Amor, hay creación.

Una persona libre es una persona verdaderamente bondadosa que crea -la vida es creación constante- desde el Amor.

Así que mejor preocuparse de ser libre que de ser bueno, y el regalo será Ser uno mismo. Ser uno mismo es el auténtico regalo, el regalo por excelencia.

¿Has sido lo suficientemente libre este año? ¿Has llegado, libremente, a conocerte mejor?



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