Tiempo navideño

"No hay hechos, hay interpretaciones". Nietzsche

Emi Zanón.
Escritora y comunicadora

La Navidad es un hecho, un acontecimiento que, por su influencia en nuestro acervo cultural, recordamos y celebramos año tras año. Y es incuestionable que cada persona vive de una manera diferente el tiempo navideño.

Cada uno en particular hace su propia interpretación de este tiempo que casi ha perdido su significado cristiano en origen para convertirse en una escalada trepidante de consumo y ocio que empieza ya en muchos lugares en anticipadamente: con luces navideñas en negocios y grandes almacenes para alentar al consumidor, con el consiguiente desgaste energético para el planeta; con las cenas y comidas de empresa, de compañeros de gimnasio, de amigos, porque luego serán las familiares… con las compras de los regalos, porque creemos que será más económico que dejarlo para el final, y un largo etcétera.

Y se alarga hasta casi la primera quincena de enero, dejando como resultado un tiempo de amor y hermanamiento, de diversión, es cierto, pero también un tiempo de desamor y frustración (para aquellos que tienen carencias), gasto económico y desgaste energético personal y planetario.

La Navidad, para mí, siempre ha sido y es un tiempo hermoso y familiar, de amor fraternal, que esperaba con ganas (de pequeña: el olor de las castañas, los turrones, la nieve, la pandereta y los villancicos al calor del hogar, los Reyes Magos…) porque tenía la ocasión de ejercitar más conscientemente mi generosidad con los más necesitados, mi creatividad en el menú, en los regalos, en la decoración, en los juegos de familia, en los números artísticos y musicales que preparábamos para rematar las fiestas… En definitiva, en hacer algo especial que se pudiera recordar felizmente para siempre.

En estos últimos años, las Navidades, en general, resultan demasiado largas y dejan poco espacio para la creatividad, además del consecuente gasto económico que supone para nuestros bolsillos y el desgaste energético personal para la mayoría: ya sea físico, después de prácticamente un mes y medio de inevitables –en su mayoría– comilonas y desajustes horarios; ya sea emocional, teniendo en cuenta que hay muchas personas faltas de amor, que están solas, que para ellas la Navidad significa tristeza, añoranza de los seres queridos que no están junto a ellos, y están deseando que terminen pronto.

Hablando en términos energéticos personales, si hacemos un balance de ese mes y medio que duran ahora las fiestas navideñas, veremos que pesa más el desgaste que sufrimos que todo lo demás que nos haya podido aportar. El exceso de alcohol,  tabaco, drogas, las toxinas y el colesterol que le metemos al cuerpo con los excesos en la dieta, la ansiedad, las frustraciones, la tristeza, la soledad, etcétera, bajan la frecuencia vibratoria de nuestro campo electromagnético, con sus correspondientes indeseadas consecuencias que se extrapolan a  nuestro entorno más inmediato y al de nuestra comunidad, sin olvidar el desgaste del planeta con el exceso de energía eléctrica consumida, los ingentes residuos originados: orgánicos, de plásticos, botellones, cartones, de basura en general…

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¿Cómo habría que vivir/interpretar la Navidad entonces para que esta escalada de consumo y ocio desmedido no nos afecte negativamente a nivel personal y también planetario? La respuesta, para mí, sería vivirla responsablemente, tomando el control de nuestras acciones y de la educación que le damos a nuestros hijos, y no dejándonos llevar por esta corriente consumista y sus modas, porque como dice Pierre Rabhi, impulsor del agroecologismo, escritor y partidario del movimiento Regreso a la Tierra, en su libro “Hacia la sobriedad feliz” –un llamamiento hacia la moderación y hacia el equilibrio–, “no sólo importa qué planeta dejamos a nuestros hijos, sino también qué hijos dejamos a nuestro planeta”.

Os deseo unas felices navidades vividas con consciencia, responsabilidad y respeto hacia uno mismo y la hermosa tierra que habitamos, desde un consumo y un tiempo moderados, pues es a nivel individual, transformando nuestros valores y el orden de las prioridades, como podremos construir un mundo en equilibrio.

¡Feliz Navidad!
¡Paz, Amor y Luz para [email protected]!

emizanonsimon.blogspot.com.es  



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