Quién eres realmente

Acerca de la consciencia que puede crear universos, pero que nunca fue creada

Lo que sabes y lo que no sabes es mucho más misterioso de lo que se supone. En el camino a la verdad se encuentra nuestra arraigada dependencia de los hechos, como si éstos aportaran conocimiento.

El mundo moderno se basa en niveles de hechos, como si el conocimiento fuera la acumulación de datos. La vida no es feliz, e innumerables personas tienen anhelos espirituales insatisfechos, pero sin duda las ciencias y la tecnología en las que basamos nuestras vidas representan montañas de datos, en un frenesí mundial de análisis numérico.

Resulta desconcertante, entonces, considerar una famosa afirmación atribuida por Platón a su mentor Sócrates: “Solo sé que no sé nada”. ¿Por qué el más grande filósofo griego afirmó que su maestro dijo esto? Hace que Sócrates parezca estar en contra del conocimiento. De hecho, lo estaba, porque sus antagonistas filosóficos, los sofistas, enseñaban que el conocimiento residía en la validez exclusiva de los hechos objetivos.

Lo que Sócrates enseñaba era el conocimiento intuitivo interior. Por eso es posible decir al mismo tiempo “conócete a ti mismo” y “solo sé que no sé nada”.

Una disputa heredada

Más de dos milenios después, somos los herederos de esta disputa. Sócrates no afirmaba que el conocimiento intuitivo interior fuera automáticamente superior a los hechos objetivos.

Como todos experimentamos —y como nos recuerdan constantemente los científicos—, el mundo subjetivo “aquí dentro” es caprichoso, cambiante, impredecible y está lleno de imaginación y, por lo tanto, de cosas irreales. Una mente confusa que se contempla a sí misma no alcanzará claridad, sino solo más confusión.

Sin embargo, siendo realistas, la postura sofista parece haber prevalecido al final. La base de la ciencia son datos sólidos y objetivos. Pero, por desgracia para esa postura, todo conocimiento se produce de forma subjetiva.

Sócrates enseñaba el conocimiento intuitivo interior (Foto: Anne O’Sullivan).
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Se puede saber algo que se origina “aquí dentro”, como sentirse triste o tener un codo dolorido, o algo que ocurre “allá afuera”, como el marcador de un partido de fútbol o el peso atómico del potasio. En cualquier caso, ambos tipos de conocimiento se producen a través de la mente.

Este hecho fundamental se suprime, no solo porque la ciencia domina nuestras vidas, sino porque nadie tiene la menor idea de dónde proviene el conocimiento, solo que es absolutamente necesario. Los hechos objetivos conducen a un callejón sin salida.

La mente sabe que sabe

En el fondo, todos los objetos físicos son ondas invisibles en el campo cuántico, que a su vez surge del vacío. Esto es indiscutible, pero no se observa una reevaluación masiva de la ciencia para encontrar una mejor respuesta, porque las visiones del mundo arraigadas son increíblemente difíciles de cambiar, y mucho menos de revocar.

El único camino a seguir es comenzar con la experiencia más fundamental de la existencia humana. Aunque no entendamos por qué, la mente sabe. También sabe que sabe.

El siguiente paso es donde empiezan todos los problemas. ¿Qué es el conocimiento? Es casi imposible definir qué es el conocimiento, simple y llanamente. Este es el misterio al que se refería Sócrates cuando dijo “solo sé que no sé nada”.

Al igual que él, todos estamos inmersos en saber todo tipo de cosas, tanto subjetivas como objetivas, pero sin comprender lo que significa saber. Este vacío en medio de la comprensión humana resulta ser de gran valor.

Si investigas el conocimiento, te adentrarás cada vez más en el funcionamiento de la mente. Este es un viaje único, radicalmente diferente a cualquier otro.

La “nada” y el “vacío”

Recuerda: si eres físico y profundizas en el mundo físico, en algún momento “algo” se desvanece y vuelve a la “nada”: has alcanzado el vacío del que surge mágicamente el universo físico.

Si profundizas en tu propia actividad mental, en algún momento los pensamientos también se desvanecen en la nada (es decir, en el silencio), que es una especie de vacío, del que aparece misteriosamente la mente pensante.

Los pensamientos se desvanecen en la nada, en el silencio. (Foto: Olia Danilevich).

Pero si profundizas en el conocimiento, por muy profundo que lo explores, nunca desaparece. Permanecerás consciente. Para ser consciente, no es necesario pensar, pero sí saber. El conocimiento es inseparable de la consciencia. No eres consciente porque conozcas un conjunto de hechos sobre X, Y o Z, sino simplemente por estar aquí, existiendo como un ser consciente.

En cada momento de la vida ejercitamos nuestro conocimiento aplicándolo a X, Y y Z. Esta actividad mental es la función que desempeña el conocimiento, podríamos decir, y es una función de la que no se te puede despedir.

Aceptemos que el conocimiento existe por sí mismo, antes de cualquier actividad mental. El viaje no termina ahí.

Sin consciencia no hay naturaleza

Si profundizas, surgen dos cosas: no puedes descubrir de dónde proviene el conocimiento y no puedes localizarlo en el cerebro humano. El cerebro en su conjunto sabe cómo organizarse, cada neurona sabe cómo organizarse, y este mismo conocimiento se aplica a las moléculas, los átomos, las partículas subatómicas y el campo cuántico que crea una neurona.

El conocimiento no se limita a tener un hogar en el ámbito físico; está presente en toda la naturaleza. Sin consciencia no hay naturaleza.

Un quark que sabe organizarse no es inferior a un átomo, una molécula, una célula o un cerebro. Cada eslabón de la cadena debe saber no solo cómo organizarse, sino también cómo producir fluidamente el siguiente eslabón. Sin el quark no hay cerebro.

Cuando la “nada” creó “algo”, la consciencia pura ya sabía lo que hacía, no solo en el universo visible, sino en el vacío antes de que surgiera.

Por lo tanto, cada nivel de la naturaleza es conocimiento, preparado para guiar la creación cósmica.

Tú eres el universo. (Foto: Sanpwire).

La ley fundamental de la existencia

Resulta que lo más importante que la gente desconoce es nuestra deuda con la única cosa, la consciencia, que puede crear universos, pero que nunca fue creada. Cuando le dices a alguien “sé aquí ahora”, estás enunciando la ley fundamental de la existencia.

Al estar aquí, sabes que sabes, y eso es todo. El conocimiento debe conocerse a sí mismo antes de poder crear algo.

No hay razón para creer que el autoconocimiento y la autocreación se detendrán alguna vez. Para compensar la falta de una historia de origen, la conciencia humana nunca necesita temer que habrá un final.

Si te miras desde esta perspectiva, se produce un gran cambio en tu autoimagen. Ya no eres una mota aislada en el cosmos que ganó la lotería al azar con un cerebro humano. Te encuentras en el centro del proceso cósmico de autoconocimiento, autoorganización y autocreación de la conciencia, en constante evolución. Eres el conocimiento que lo impregna todo.

Es el concepto que resume el libro “Tú eres el universo”, del físico Menas Kafatos y Deepak Chopra. Y lo más importante: es el estado dinámico de conocimiento que ocurre a cada segundo, y este proceso constituye quién eres realmente, qué haces y por qué estás aquí.

Imagen portada: Peggy Anke.



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