Hacer consciente al inconsciente

La experiencia vital de Lucas Cerveretti, entre la música y la espiritualidad

Oscar Fernández

A los 20 años tuve un infarto en una fiesta. Había tomado una pastilla de éxtasis… En aquel instante viví una experiencia que me cambió la vida para siempre, sentí que salía de mi cuerpo. Y empecé a conceptualizar toda la información que había comprendido en ese instante, que para mí fue una eternidad, a pesar de que estuve muerto clínicamente menos de un minuto”. Así relata un episodio crucial de su vida Lucas Cerveretti, pianista, compositor, escritor y conferenciante argentino que visitó España para presentar “La luz de la conciencia”, obra publicada por Koan.

La primera vez dicho libro fue una autoedición, resultado de una compaginación de preguntas que recibió sobre aquella experiencia, ahora reeditado para Hispanoamérica. “Me llegaron muchos correos electrónicos y terminé dedicándome a esta profesión en la que conjugo música, porque básicamente soy músico de formación, con espiritualidad”, dice como carta de presentación.

De su propuesta afirma que “no ofrezco la verdad sino mi verdad, lo que experimento y he comprendido”, promoviendo “no una verdad rígida, sino del movimiento, que evoluciona a medida que vamos caminando y expandiendo la conciencia”.

Lejos de complicarse con el lenguaje, intenta explicar lo trascendental “desde mi experiencia y con mis palabras, con un vocabulario ameno y cómodo, de fácil interpretación, según me comentan los lectores”, reconociendo al mismo tiempo que “soy hijo de esta sociedad, no me formé en misticismo”.

“Lo más importante para mí es compartir una manera distinta, alternativa, de vivir”, prosigue, como también “cuestionar de una manera sana el paradigma establecido, ofreciendo herramientas para buscar la plenitud, mucho más profunda que la felicidad, la paz interior”.

Lucas asegura que “la espiritualidad es hacer consciente al inconsciente” y para eso “hay que ser una persona introspectiva, creer en todo pero dudar de todo al mismo tiempo. Preguntarse por qué hago lo que hago, por qué digo lo que digo, qué estoy buscando cuando digo lo que digo, cuando hago lo que hago, porque todos tenemos un motor de vida que nos impulsa a realizar acciones”. Por esta razón, agrega, “cuanto antes encontremos ese motor, más libres seremos” y “cuanto más conozcamos, mayor grado de libertad tendremos para, desde ahí, tomar decisiones que nos ayuden a estar en paz, atreviéndonos a ser lo que somos verdaderamente”.

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Como músico, explica cuál es el poder de la música de cara a la evolución del hombre. “El sonido literalmente tiene la capacidad de modificar todo lo que existe –indica–, según se demuestra a nivel científico. Al sonar una nota en un ambiente, todo lo que hay allí se acopla a su vibración. Un cuenco de metal transmite fácilmente una vibración; si acerco el oído, escucharé cómo el metal refracta el sonido producido. Nosotros podemos tratar ese sonido en distintas afinaciones que generen diversos impactos en nosotros mismos. Hay una afinación en particular que es en 432 herzios, no en 440 como se afinan hoy todos los instrumentos, que es la afinación del equilibrio. Puede comprobarse, a través de un experimento, haciendo vibrar una especie de placa de metal a la cual se tira arena. Veremos cómo en 440 herzios aparece una forma geométrica que no se termina de definir totalmente, pero si lo hacemos en 432 herzios surge una figura geométrica perfecta. Lo mismo ocurre con nuestras células”.

Esta es la razón por la que se deduce que “lo que hace el sonido, la música, es recordarnos el equilibrio y al recobrarlo, la energía de las emociones que se han estancado vuelve a circular por el organismo”. Es decir que cuando una emoción nace, busca ser expresada. “Si no la expresamos, ya sea por un dogma religioso, cultural, una creencia familiar, social, ética, moral, automáticamente esa emoción se estanca. En este momento actúa como un imán que atrae personas, situaciones, experiencias, para mostrarnos qué hay ahí. La música nos acerca a esas emociones nuevamente, desde un lugar amoroso, para recuperar el equilibrio”.

En referencia a la situación actual, de veloces cambios en todos los órdenes de la actividad humana, Lucas señala que “la sociedad se da cuenta de que la vida no es para trabajar 20 horas por día, hay cosas mucho más importantes que el dinero” y que “estamos en un momento muy bueno”. En su opinión, “hemos evolucionado muchísimo, a pesar de que algunos digan que los tiempos pasados fueron mejores. Siempre estamos creciendo, todos los cambios que experimentamos son muy buenos, incluso algunos que pueden aparentar ser muy dañinos”. Por ejemplo, “la economía está llegando a un colapso y eso lleva a que la gente empiece a preguntarse muchas cosas de sí misma; en definitiva, eso nos acerca a la espiritualidad”. Y concluye que “la espiritualidad no es vestirse de blanco, ser vegano o meditar en posición de loto diciendo namasté, lo cual tiene que ver con un movimiento cultural. La espiritualidad es ser sincero consigo mismo, y como dije, hacer consciente lo inconsciente”.



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Stanislav Kondratiev
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