La sabiduría de la abuela

Lidia Blánquez propone rescatar el conocimiento que suponen nuestras mismas raíces

Rodrigo Salamanca

Como la abuela, nadie cocina. Un concepto que pone a las claras la idea de hasta dónde en la cultura popular anida el recuerdo de aquellas comidas que vienen al recuerdo precipitadamente. Lidia Blánquez, terapeuta multidisciplinar con veintisiete años de experiencia, que dirige el centro Lidiabiosalud en Barcelona, acaba de publicar “La transformadora dieta de la abuela” (Editorial Sirio), y qué mejor idea que hablar con ella para desentrañar aquella cuestión, tan vinculada a la gastronomía como a los mejores afectos de nuestra vida.

Por si acaso, también cabe decir que Lidia está formada en naturopatía, medicina tradicional china y microscopia nutricional de campo oscuro, entre otras disciplinas, también es formadora zen de meditación y coach de vida. Basa su práctica profesional en el higienismo y es especialista en el papel de los ayunos a la hora de tratar todo tipo de enfermedades.

-¿Qué te ha inspirado, Lidia, para recopilar este conocimiento culinario?

-Mi inspiración son mis pacientes, con ellos he aprendido más en mi vida. Son mi escuela, mi academia. Siempre me abro a ellos, los escucho porque saben mucho, muchísimo. Cuando veo que quienes han hecho con nosotros ayunos guiados se transforman, con un cambio importante en sus vidas y con sus entornos, eso me motiva. Ellos alcanzan un estado de conciencia más elevado a través de los alimentos, los veo más relajados, sonríen, con un gran bienestar. De este modo he creado un compendio que hunde sus raíces en la tradición, que ya casi es como una filosofía de vida, y tiene normas higienistas para el día a día a fin de estar más en paz consigo mismo.

-¿Cómo conseguiste que Ana María Lajusticia hiciera el prólogo?

-La gerente de su empresa es paciente mía y siempre hemos hablado de Ana María. Es una mujer con un corazón magnífico a la que he podido conocer. Terminado el original del libro, me dijeron por qué no pedía a alguien que fuera un ícono inspirador para que hiciera el prólogo. Y pensé en ella. Contra todo pronóstico, porque no es habitual que acepte estas cosas, me dijo que sí, encantada.

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Recuerdo a mi madre que tomaba apuntes de sus enseñanzas. Como bioquímica, daba excelente información sobre los beneficios del colágeno, del magnesio. A los 18 años estudié naturopatía y ya todo el mundo hablaba del magnesio. Esta mujer increíble, luchadora, es para mí un referente, tiene una coherencia absoluta, es ejemplo de vida y me veo reflejada en ella en muchos niveles. A nuestra onegé Confianza Solidaria siempre ha hecho una aportación personal y con productos.

-¿Qué es la semilla original?

-Me refiero a lo esencial, a los orígenes. En el mundo de la alimentación las semillas originales son aquellas que no están modificadas genéticamente, que no han vivido ningún tipo de alteración. En el caso de nuestra especie, el humano original es aquel que todavía quiere preservar sus raíces, que conserva el corazón abierto, donde yacen valores fundamentales. Es que se ha producido una modificación genética importante a raíz del caldo en que estamos todos metidos, afectados por tantos tóxicos medioambientales, alimentarios, emocionales, mentales. En vez de enriquecernos por las diferencias, nos dividimos porque creemos que no somos iguales. En medio de tanta información nos hemos deshumanizado.

-¿Los abuelos son tesoros de aquella sabiduría primaria?

-Son los que preservan la sabiduría del pueblo; un tesoro vivo por sus valores, sus principios, diferentes de quienes aparentan mucho conocimiento y se olvidan de resguardar la propia esencia, anteponiendo otros intereses.

-¿Cuál es el significado de “envasar a la abuela”?

-En una conversación con la gerente de Ana María Lajusticia surgió la idea de que había que envasar la abuela porque tenemos que conservar aquellos conocimientos tradicionales, de lo contrario olvidaremos quiénes somos. La esencia vital a través de los alimentos la perderemos.

Quienes aún comen lo que cocinan sus abuelas, se nutren de aquello que hizo fuerte a sus linajes familiares. Cuando veo restaurantes que ofrecen comida de la abuela, tres generaciones, pienso “¡guau!, ¡qué maravilla!”. Todavía hay familias que guardan las recetas originales, quizá un poco tuneadas, adaptadas a las mentes de hoy, pero con los recursos y la esencia de un pasado que nos hace vibrar por dentro y despierta todos los sentidos.

-¿Por qué la comida que hace la abuela no es la misma que la que prepara otro, a pesar de respetar la receta? ¿Hay magia?

-La magia es autenticidad, la frecuencia que imprime cada ser en sus actos, en aquello que hace. Eso da un sello, una huella única que jamás podrá lograr un robot.

-¿En la cocina cómo podemos gestionar el escaso tiempo que generalmente disponemos?

-No podemos hacer grandes platos elaborados, pero lo más importante en los tiempos que corren es cubrir la cantidad de nutrientes que no debe faltar. Antes la abuela tenía mucho tiempo para cocinar y alquimizaba con el fuego. Hoy la comida debe ser más sencilla porque el trabajo físico que realizamos es menor. Tiene que haber una base del 75 por ciento de alimentos frescos poco elaborados, en forma de verdura, para que conserven las enzimas.

El exceso de actividad mental produce que el cuerpo trabaje más, incluso a nivel digestivo. No lo digo yo, lo dice la OMS. El 25 por ciento restante deben ser proteínas o hidratos, como las legumbres. La abuela además ponía comino, laurel, sustancias carminativas, para disminuir los gases. Hay que rescatar las especias para que la comida sea más digestiva, nutritiva, con valor.

-Adviertes que hay que tener cuidado con los purismos en las dietas.

-Se defienden las dietas como si fueran partidos políticos o equipos de fútbol. Eso es un error porque tú sabes que, cuando puedas, te venderás al mejor postor y dejarás esa dieta. La alimentación debe tener un significado más profundo, más allá de las modas o tendencias, porque es el sustento de nuestro cuerpo físico. No deberíamos ser fanáticos de nada, podemos hacer una dieta puntualmente, pero nada más. Llevo 28 años trabajando y lo he visto muchísimo. Mejor que uno mismo no nos conoce nadie. Alguien puede recomendarte garbanzos, pero si te sientan mal, los dejas, es de sentido común. Hay que volver a los mercados y comer lo que hay allí, lo demás es ciencia ficción.

-¿Esa es la dieta del sentido común?

-Alguien dice que las lentejas van bien para tal cosa, pero te sientan mal. Moraleja, escucha tu cuerpo. La dieta del sentido común es la que permite escucharte, no tu mente sino tu estómago. Si comes por la mente no hay sentido común, solo capricho y perversión, como suelo decir. Si pones la mano en la barriga, sabes cuándo estás lleno, cuándo es suficiente. La cabeza te pedirá más, “¡quiero postre!”, porque es caprichosa. La dieta del sentido común es reconocer lo que nos va bien, todo lo de temporada, lo que es barato porque en ese momento lo ofrece la tierra. ¡Compremos en el mercado convencional de toda la vida, se podrían quemar tres cuartas partes del contenido de los supermercados! (risas).

-¿Por qué no es importante lo que comas sino cuándo y con qué?

-Hay estudios científicos que nos han enseñado qué son los biorritmos. Te levantas por la mañana, tomas un café y sientes el chute. A la hora quieres otro porque no te nutre. En cambio, si tomas unas frutas, por ejemplo, que es energía fresca que aporta agua, vitaminas, te sentirás despierto. Experiméntalo. Si ingieres un plato de macarrones a la noche, te los llevarás a la cama. ¡Eso no se quema en la vida, ni en sueños! El cuerpo preguntará “qué quieres que haga con esto” y lo meterá en la despensa. ¿Y si cenas una crema de verduras, un gazpacho en verano? Te sentará como Dios y dormirás como un bebé.

-“Que tu alimento sea tu medicina”… ¿Cómo utilizamos las hierbas medicinales?

-Las hierbas medicinales se han usado siempre, desde que el mundo es mundo. A partir de los 20 años, cuando ya se nos ha ido el fuego digestivo al garete, después de la comida, para que nos siente bien, ayudaremos al cuerpo a digerir mejor tomando unas hierbas que quitarán los gases y evitarán retorcijones de tripas, ardores de estómago, además de cuidar la vesícula.

-¿Nuestra mente está ávida de azúcar y sal?, ¿acaso no es el cuerpo?

-Podríamos decir que es la mente, que va de un extremo al otro, somos la polaridad continuamente. Como comemos tan mal, la microbiota (flora intestinal) se altera. Cuando sucede, la mente pide azúcar. Pero en realidad los que piden son los parásitos, las bacterias que habitan allí y no quieren trabajar para conseguirla. Uno de los mejores neurocirujanos de México, durante un congreso, se interesó por este tema y habló conmigo para saber más. Y en cuanto a la sal, al comer dulce querrás luego el otro extremo, lo salado, para compensar.

-¿Qué hacemos entonces como regla general?

-El azúcar lo eliminaría de las casas de todo el mundo. La fructuosa (azúcar de frutas) no porque es natural. Eso sí, sin abusar. El azúcar es un veneno silencioso que va matando por dentro, por eso actualmente hay tantos casos de cáncer.

-¿Cuál es la forma más conveniente para mantener sana la microbiota?

-Como antes dije, tomando el 75 por ciento de tu alimentación en forma de verduras. Son los prebióticos, es decir, la hierba que comerán las bacterias intestinales. Luego, cuando tienes un buen campo sembrado, toma alimentos fermentados, probióticos, como kéfir, miso, platos como el chucrut. También las algas, que son muy alcalinas.

-Eres partidaria de la cura colónica.

-Mucho, mis pacientes se la hacen. Si los intestinos están intoxicados, la mente aún más. Observemos el número de casos de cáncer de colon, uno de los más graves; también de colitis.

Es importante tener un colon sano. Igual que una herida en la piel que sana, un colon afectado por tantos tóxicos alimentarios necesita sanarse. Antes era innecesario hacerse un peeling, ahora sí porque arrasamos con las bacterias que naturalmente se encargaban de realizarlo. Puede pasar que en una colonoscopia no se alcance a detectar ese daño, pero tampoco se ve el plástico que ingerimos, que colapsa los intestinos. Todos tenemos permeabilidad intestinal, y lo tóxico va por dentro y por fuera.

-Háblame del ayuno.

– Los antiguos no eran ingenuos. El ayuno se incluía en la tradición del catolicismo, también musulmanes y judíos lo tienen como ritual. Los animales ayunan. Llevo muchos años dirigiendo ayunos y para mí es una herramienta que podemos utilizar cuando nos encontramos mal para así recuperarnos. Si quiebra la seguridad social tendremos que recuperar el ayuno a marchas forzadas. Habrá pocos tratamientos como ese que no cuesten dinero.

-¿Toda persona puede hacer el mismo tipo ayuno?

-Antes era más estandarizado, hoy se puede afinar. Luego de hacer un análisis de sangre, te daré un ayuno con una base de hierbas, algún concentrado para que no se obturen esos filtros intestinales que están tapados. Tengo pacientes con 85 años haciendo ayuno y el más joven ha sido un chico de 17 años, con permiso de los padres, que le cambió la vida y hoy está perfecto.

Sería muy interesante ayunar todos los lunes después de un fin de semana “divertido”, con caldos. También en los cambios de estación, dos veces al año al menos. O un ayuno de diez días, sin pensar que nos vamos a morir. La mente piensa demasiado…

Desde hace tiempo promuevo los ayunos urbanos, donde además enseñamos a comer de verdad, con caldos que permiten hacer una vida normal, incluso ir al gimnasio. Lo han hecho y hace muchísima gente, ¡y todos están vivos! (risas).

-¿Comer conscientemente?

-Somos responsables del universo celular que llevamos dentro. Tenemos seres en nuestro interior que debemos cuidar y darles de comer lo que necesitan. Empecemos a pensar así y cuidemos lo que ponemos en nuestra boca.



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Stanislav Kondratiev
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