Los poderes del yoga

Pensamiento de Jitendra Das, maestro de Rishikesh

Antes de su venida a España para realizar un retiro en Lliria, Valencia, Jitendra Das, maestro de yoga con un cuarto de siglo de experiencia en la enseñanza, oriundo de Rishikesh, cuna de esta milenaria práctica, anticipa algunas ideas que ofrecerá en el Centro Bam Bam Bhole. “El yoga da muchos poderes, con ellos la persona puede llegar a hacer cualquier cosa. El practicante, llegado a un punto, tendrá tantos poderes como un dios. Pero cualquier poder que consigas debes utilizarlo para el bien de la humanidad, no para la destrucción. Y de ese modo lo que quiera que hagas, simplemente hazlo por el bien de la humanidad. Incluso si alcanzas la sabiduría máxima o la iluminación, eso tiene un propósito. Utilizar esos poderes para uno mismo es egoísmo. Cada cosa tiene un propósito, entonces hay que tener en cuenta ese propósito y hacer lo que es bueno para uno como practicante y lo que es bueno para el mundo a la vez. En definitiva, lo que es bueno para el universo porque venimos del universo”, dice con una sonrisa que permanece ante las preguntas que recibe.

Al profundizar sobre esos poderes que puede alcanzar un practicante de yoga, Jitendra recomienda “encontrar muy buena información en los Yoga Sutras de Patanjali, en el capítulo tres, que empieza diciendo «Dharana, dhyan, samadhi» y «Viboothi», que significa siddhis, y siddhis significa logros. Es decir que siddhis es aquello que resulta de la práctica”.

Precisamente, continúa, “Patanjali dice que el conjunto de Dharana, dhyan, samadhi, (concentración, meditación y liberación última) es llamado samyama, que quiere decir poner tu concentración, meditar y dejarte iluminar. Si tú haces samyama sobre la figura del elefante, vas a sentir y te darás cuenta de cuál es el poder del elefante”. También aquél afirma que “si meditas en Surya (el Sol), el centro del sistema solar, encontrarás el conocimiento sobre el universo, porque es el centro. Pero es un error meditar con los ojos abiertos ante el Sol, y muchos practicantes lo hacen, ya que se refiere al Sol interno, meditar en Manipura (el chakra del plexo solar)”.

Más allá de otras consideraciones, el maestro yogui destaca la importancia de encontrar el maestro adecuado con quien aprender y practicar, ya que “Patanjali no dio ninguna técnica, para descubrir la técnica hace falta un maestro”.

En el camino del desarrollo de la conciencia, el samadhi ocupa un lugar especial en la búsqueda del practicante avanzado y de allí que algunos desean distinguir ese estado de liberación o iluminación de otro a menudo poco conocido, llamado kaivalya. Al respecto, Jitendra aclara que “en el Hatha Yoga Pradipika se describieron muchos nombres de samadhi, como Laya, Sahaja, Manonmani, Mukti, etcétera. Pero hay pequeñas diferencias entre ellos.

Samadhi, que significa liberación, tiene muchos estados: nirvichar samadhi, nirvivek samadhi, sabhichar samadhi, sarvivek samadhi… pero kaivalya significa la liberación absoluta, el último estado, esa es la diferencia. Patanjali en el cuarto capítulo de los Yoga Sutras cita kaivalya, como sin muerte ni nacimiento, absoluta liberación”.

Y para concluir, el yogui comenta un episodio recientemente vivido, a modo de inspiración para quienes practican y lo hacen en un entorno de mucho ajetreo y materialismo. “A mis formaciones de profesores concurre a veces gente de muchos años. Una noche vino a mí un hombre de sesenta y cinco años que pensaba que era muy mayor para iniciar su experiencia en el yoga. Le dije que, bajo mi punto de vista, la edad no significa nada. Alguien puede pensar que con veinte años es demasiado mayor, pero puede cambiar su mentalidad y darse cuenta de que es muy joven. Se dice que había gente en esta tierra viviendo por mil años, luego por quinientos o doscientos años y más tarde cien, y terminamos con noventa, setenta…”. Su consejo entonces es que “no importa la edad que tengas, cuando lo sientas empieza a practicar. Como hacen los niños, ellos no conocen el tiempo, no distinguen el momento de comer o de jugar. Cuando tienen hambre comen y es el momento perfecto, cuando quieren dormir lo hacen y ese momento les va bien, lo mismo con su juego. No hay un momento fijo ni hay reglas o condiciones para el yoga. Si no mueres, no hay paraíso. Si alguien quiere llegar al paraíso tiene que morir, del mismo modo que si alguien quiere conseguir algo tiene que ir a por ello, de lo contrario de ninguna manera lo conseguirá”.

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Más información:
[email protected] y en Facebook, Centro Bam Bam Bhole.



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Stanislav Kondratiev
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