Regreso a casa

Qué sucede cuando tomamos conciencia del cuerpo

Rosario Martínez Ferrero.
Entrenadora personal.
Profesora de yoga y meditación AEPY

“Cuanto más débil es el cuerpo, más ordena;
cuanto más fuerte, más obedece”.
Jean Jacques Rousseau

Según mi opinión, el objetivo final de los profesionales que trabajan con el cuerpo (por ejemplo, esta profesora de yoga, la que escribe, que entiende el cuerpo como una totalidad, cuya salud depende de una distribución equilibrada de la energía) consiste en convertir a la persona en autónoma, en dueña de su cuerpo. Pero esta independencia sólo puede ser ganada haciéndose consciente. Necesita conocerse a sí misma y aceptar la responsabilidad de conocerse mejor que nadie. Cuando no se es capaz de sentir plenamente el propio cuerpo merma la confianza en uno mismo y crea al mismo tiempo la necesidad de compensación. El cuerpo no se compone solo de músculos, pero únicamente los músculos determinan la forma del cuerpo.

Para que puedas conocerte un poco más… Imagínate cuando uno se agota. En realidad la energía no se agota, circula, desde el instante de la concepción hasta la muerte. Va recorriendo su trayecto natural a través del cuerpo hasta que encuentra un obstáculo. Entonces tropieza, no continúa su camino, sino que se desvía y se disipa. Es cuando uno dice que se siente agotado, que no tiene energía. La buena noticia es que tenemos energía. Ahí está, sólo que le impedimos servirnos de la manera más apropiada para sentirnos bien. Cuando tropieza la obligamos a desviarse, la volvemos en nuestra contra. Es la energía la que proporciona al cuerpo su unidad animando a cada órgano.

¿Y qué pasa cuando tomamos conciencia del cuerpo?

Vemos el cuerpo como una totalidad en la que cada elemento depende del otro y resulta necesario para el equilibrio y la salud del individuo. Es hora de tomar conciencia entre el Todo que es el cuerpo y el Todo que es el universo, entre el movimiento continuo de los órganos del cuerpo y el movimiento de la Tierra y el Sol. Tomar conciencia nos permitirá observar que el ritmo cósmico que regula los ciclos del Sol y la Luna, el día y la noche, las estaciones, es el mismo al que obedece el movimiento de la energía vital. Observaríamos que nuestro cuerpo, sin esperar el consentimiento de la “inteligencia”, reconoce las leyes cósmicas y se somete a ellas.

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Así pues tomemos la práctica del Yoga como una parte más de nuestra vida, haciéndole un lugar dentro de las actividades normales. Todo lo que se realiza de un modo espasmódico tiene solo un efecto espasmódico, no podemos esperar mantener la sensibilidad de la inteligencia ni la madurez en el esfuerzo requeridas para avanzar hacia el objetivo último. Debemos cultivar cierta disciplina que nos permita mantener esa sensibilidad creativa. En lugar de trabajar cuando y como nos da la gana, es mejor trabajar regularmente cada día, de modo que la calidad de los efectos se mantenga. Si la práctica es irregular habrá algunos efectos, pero no serán de la misma calidad.

Arriesgarse a despertar las experiencias más antiguas aunque sean dolorosas, despertar las zonas muertas, asumir la responsabilidad del estado en el que estamos, tomar poco a poco conciencia del cuerpo hasta sentir la vida que hay en él es volver a casa.

Cuando despertamos el cuerpo, progresivamente estamos más disponibles para nosotros mismos, ¡y es maravilloso!
No serás espiritual si te apartas de la vida. Serás espiritual si te metes en el meollo de la vida. Si conoces su misterio tendrás tus claves y si tienes tus claves llegarás al misterio de vivir.

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