Aurelio Álvarez Cortez
La celiaquía, enfermedad descubierta en el siglo I d.C., presentaba un desafío en el terreno de la alimentación, ya que si bien se sospechaba que en ella estaba la clave, no fue hasta el siglo pasado cuando se descubrió que el gluten era el ingrediente perjudicial. Y en los últimos años se han dado numerosos pasos para que la dieta de los que la padecen sea mucho mejor que antaño, en todos los sentidos. En España, Juan Carlos Menéndez, rodeado de fogones desde su infancia y a lo largo de su carrera profesional, lleva más de siete años realizando un exhaustivo I+D en panadería y repostería sin gluten. Así ha obtenido unas formulaciones revolucionarias que lo han convertido en una referencia del sector. Fundador de la primera escuela de panadería 100% gluten free, El Espíritu del Bosque, junto con su mujer, Pamela, es cofundador de M&G Maestros Sin Gluten, consultora a nivel profesional. También ha colaborado en Canal Cocina, canal temático dedicado a la gastronomía, con cocineros de reconocido prestigio, y en Antena 3 y Telemadrid. Acaba de publicar “Pan casero sin gluten”, editado por Larousse, y con él descubrimos secretos y experiencias en torno a este alimento y su proyecto enclavado en plena naturaleza.
-Está claro que te has enfocado en llegar al público en
general, con la intención de que todos sepan de qué trata esto del pan
100% libre de gluten.
-A través del libro tratamos de
demostrar que hoy en día se puede hacer sin gluten cualquier tipo de
pan, sin problema, utilizando la materia prima adecuada y adaptada a esa
problemática, con procesos muy parecidos a los que se emplean al hacer
pan con gluten, con magníficos resultados.
Para mí los procesos de
elaboración son importantísimos porque si no los conocemos, fallaremos,
por eso hemos incluido un amplio apartado al respecto. Muchos se
sorprenderán por la calidad y variedad de panes maravillosos,
riquísimos, que se pueden conseguir, y cualquier persona, sea celíaca o
no, los disfrutará.
-Es que el gluten no es solamente un
tema que interese a celíacos sino a otros también que, por diversos
motivos, van incorporando a su dieta este tipo de alimento.
-Como
dices, por un lado están quienes no pueden tomar gluten porque son
celíacos y luego hay otros que deciden retirar el gluten de su dieta
porque se encuentran mejor. En mis cursos he tenido personas con
dermatitis, asma, fatiga crónica, que han mejorado o han visto incluso
desaparecer estas enfermedades cuando quitaron el gluten. Es verdad que
no es un milagro, pero sí es cierto que hay personas que han sido
aconsejadas por médicos o terapeutas y se dan esos resultados.
-¿Tus recetas se pueden preparan en cualquier lugar del mundo?
–Si,
cuando empecé a investigar hace más de diez años en el proceso de
panificación sin gluten, me di cuenta de que se trabaja con unos mixes
comerciales que llevaban todo incluido, pero eran marcas comerciales que
limitaban mucho. Estudiamos entonces qué contenían, qué función cumplía
cada ingrediente, cómo se podía elaborar para no depender de este
factor. No tengo nada ni a favor ni en contra de los mixes comerciales,
pero en el momento en que empiezo a formular con ingredientes
“genéricos”, como una base de almidón, una harina o un hidrocoloide como
goma xantana o el psyllium, son productos que se pueden conseguir en
cualquier parte del mundo. La misma receta que elaboro aquí podrá
hacerse en México, Costa Rica, EE.UU. o Arabia Saudí, de hecho en
nuestra escuela hemos tenido alumnos de estos países.
-Te defines como un alquimista de los alimentos.
-Desde
pequeño entraba en las cocinas, pero a partir de los 15 años se
convirtió en mi profesión. Soy chef y he tenido la suerte de trabajar en
muchos ámbitos y en diferentes ramas de la cocina. He probado infinidad
de ingredientes y siempre me ha encantado mezclar, ver qué aportaba
cada ingrediente a un plato. Desde hace años, en El Espíritu del Bosque,
estamos en un lugar maravilloso, en plena naturaleza, y me gusta mucho
salir, reconocer alimentos, plantas, mezclarlos, hacer alquimia con
ellos y descubrir qué aporta cada uno al plato.
En el mundo sin
gluten, cuando empecé a investigar, vi que parte de los ingredientes
empleados a nivel industrial yo ya los había utilizado en la cocina, por
ejemplo en heladería, en repostería o en la elaboración de quesos. Para
mí fue mucho más fácil adaptar y hacer esa alquimia para lograr estos
panes, compensar la carencia de gluten y obtener fantásticas masas. Me
encanta experimentar.
-¿Cuál es tu harina preferida?
-¡Qué
dilema! En la panificación con gluten tenemos trigo, centeno, espelta o
kamut, que es una variedad pequeña de granos. Sin embargo en la
panificación sin gluten se nos abre un abanico muy grande; además, cada
grano tiene propiedades distintas. Pero para no irme por las ramas, la
harina de trigo sarraceno alforfón es la que más me gusta. Es un grano
que reúne unas características bastante buenas: de sabor, de textura, de
olor. El teff también es un grano que da una harina maravillosa, el
sorgo, la quinoa… hay una amplia diversidad.
-Mencionas
dos formas de entender la panadería a partir de la levadura. Para
aquellos que no entendemos mucho el tema, ¿cómo es eso?
-En el uso de la levadura se encuentra la rama que utiliza la levadura Saccharomyces cerevisiae,
la típica levadura de panadería, liofilizada, que es comercial y da
unos panes fantásticos, estupendos. Pero presenta el problema de que es
muy rápida, potente; si no sabemos manejarla, obtendremos panes mal
fermentados y con baja calidad nutricional.
La otra rama es la que
usa levadura de masa madre o biológica, que es un cultivo de levaduras
naturales, autóctonas, que elaboramos en nuestra propia casa. No son
cepas seleccionadas y por lo tanto no se caracterizan por su rapidez a
la hora de hacer pan. Son lentas, trabajan despacio, y esa es su gran
virtud, porque al hacerlo así se transforman los almidones, baja el
índice glucémico, dando un pan más digestivo. Hay dos pequeños
hándicaps: la masa madre nunca irá rápido y la tenemos que elaborar,
cuidar y conservar. Pero los beneficios y la calidad del pan con masa
madre son extraordinarios. El pan hecho con masa madre es el tiempo
convertido en alimento, aquí sí hay alquimia.
-¿Algún truco para el amasado? ¿Mejor hacerlo con las manos o con un robot de cocina?
–Yo
empleo las dos técnicas. El amasado mecánico es muy cómodo ya que
trabaja la máquina, no tenemos problemas y la masa resultante es
estupenda. En cualquier caso, la masa tiene que estar bien trabajada. En
el amasado a mano, si no somos hábiles y no hacemos bien la tarea, no
le damos el suficiente trabajo a la masa y no creamos una buena
estructura, entonces el pan no crece bien. Por eso, además de explicar
la técnica del amasado a mano en el libro, presento lo que llamo “el
amasado Marco”, dedicado a mi hijo. Yo comprobaba que cuando mezclaba
los ingredientes, con sus manitas pequeñas le costaba amalgamar. Por
ello dividí el amasado en dos partes: la primera la masa lleva todos los
ingredientes menos la goma xantana, que aporta más elasticidad a la
masa. Hasta aquí es un amasado mucho más cómodo. Luego agregamos la goma
xantana mezclada preferentemente con aceite para integrar bien, o con
agua, y hacemos el amasado final. La masa queda lisa, fina, muy
agradable al tacto, y con una elasticidad fantástica para conseguir un
volumen que buscamos en nuestros panes.
-¿Qué tipo de pan es para ti el más sencillo de hacer?
-Casi
todos los panes que presentamos en el libro son sencillos de elaborar.
El mecanismo y el proceso son los mismos, de mezclado, pesado de
ingredientes, amasado… A partir de ahí, el problema surge cuando
empezamos a alargar los tiempos de fermentación y a buscar en el pan
características organolépticas más cuidadas. Cuanto más se prolonga el
proceso de fermentación y elaboración, más se complica la elaboración.
Por eso los panes de masa madre son los que más cuidado y mimo tenemos
que poner, debemos estar más atentos y cuidar la masa. No tanto con los
panes elaborados con levadura de panadería y con fermentaciones rápidas,
por ejemplo una baguete, un panecillo, una torta de aceite, que son
elaboraciones en las que buscamos textura, alveolado, corteza crujiente,
más que el valor nutricional. Para mí estos panes son los más sencillos
de hacer y quizá los que más gustan.
Es curioso, en el mundo de la
alimentación y la panadería siempre decimos que nos gustan los panes
con gran valor nutricional, que sean con fibra, integrales, pero cuando
vemos una carta de panes en los que más nos fijamos son los panes
blancos, alveolados y crujientes, los más gustosos y de menor valor
nutricional.
-Uno, entre la gran variedad que presentas,
es el pan quemao, una especialidad de la Comunidad Valenciana. ¿Qué
tiene de especial para ti?
-El pan quemao realmente no es un
pan, sino una masa de brioche, enriquecida, una maravilla. No la dejé
fuera porque también quería mostrar que sin gluten se pueden hacer unas
elaboraciones esponjosas, jugosas, tiernas. Conozco el trabajo de Jesús
Machí, propietario del horno San Bartolomé, en Valencia, que hace unos
panes quemaos fantásticos. Como digo, es una elaboración de brioche,
súper esponjosa, dulce, enriquecida con mantequilla, huevo y un tostado
característico en el exterior. Una delicia de pan. Es de los que yo
llamo “panes que dan salud mental”, porque hay panes que aportan salud
física, y otros, como el pan quemao, que contribuyen a la salud mental,
nos motivan.
-¿Qué son los panes con tradición y espíritu?
-Son
panes tradicionales que aportan a mi espíritu panadero el querer
hacerlos como un reto: el poder dar de probar una chapata, una barra
gallega o incluso una pita, ese tipo de pan muy curioso que se infla en
el horno, a personas celíacas. Son elaboraciones que quería con más
mimo, en cierto modo, para que la gente pudiera realizarlas en su casa.
-Alguien dijo alguna vez que en una casa donde no se come pizza falta algo. Tú la incluyes en tus recetas junto con la focaccia.
-Uno
de los productos más consumidos en el mundo es la pizza y era una pena
que los celíacos no pudieran comer una pizza, fina, crujiente,
tradicional. Cuando doy a probar mis pizzas que hacemos en los cursos,
la gente pone una cara de emoción… es algo tan bonito. Por lo tanto,
tenía que ser una elaboración fija en el recetario. Y la focaccia,
además de ser creativa, necesita una elaboración algo más complicada,
pero quería que todo el mundo la pudiera hacer también. Le dimos un
toque especial con una cerveza artesana que elaboramos, pero no tiene
por qué ser la misma. Una focaccia con queso y hojas de romero es un
plato muy apetecible.
-¿Un consejo especial en la elaboración de la pizza?
-La
masa de la pizza debe ser elástica y el truco está en dejarla en
pequeñas porciones, hacer largas fermentaciones. Al final, una masa de
pizza es blanca, con poco sabor. Si queremos dotarle aromas y sabores,
se consigue con largas fermentaciones. Y después están los gustos: masa
fina o más gruesa. Yo soy un amante de una masa fina, crujiente. En la
elaboración sin gluten era lo más difícil de lograr. Otra cosa
importante es el horneado: si no sabemos hornear una pizza, por muy bien
que la hagamos, no lograremos un producto completo.
-¿Cómo conservamos el pan?
-Algunos
panes es muy difícil conservar porque están tan ricos que te los comes
todos (risas). En este tema haría dos distinciones. En el mundo del pan
están los panes que llamamos del día, para consumir pronto, como la
baguette, los panecillos o los pitas. Son para hacerlos y comerlos.
Luego están los panes, como un payés, o los más integrales, que les
viene muy bien la conservación porque tienen una cantidad de humedad
mayor en su interior. Además son de mayor volumen y por lo tanto pierden
agua más lentamente, lo que se llama retrogradación del almidón.
Para conservarlos conviene envolverlos en una tela o paño y, si es
posible, colocarlos en una panera como antaño, un pequeño cajón con
tapa, en un armario. Ademas, a no ser que sea pan de hamburguesa de
molde, nunca ponerlos en una bolsa de plástico ya que impedirá que
transpiren, y en ese caso se convertirán en un chicle; al no perder
humedad el pan se engoma.
Y no es lo mismo hacerlo en la Comunidad
Valenciana que en Madrid. En Valencia hay más humedad y por lo tanto no
se produce esa pérdida de humedad del pan. Envolverlo en un paño es más
que suficiente. En cambio, en Madrid o Castilla, además de protegerlo
con el paño, hay que guardarlo en un lugar cerrado.
-¿Cuáles son los errores más habituales a la hora de hacer el pan? ¿Tus alumnos qué te comentan?
-El
error más común, y más fácil de solucionar, es que no respetan la
receta. En el momento de elaboración, como no tienen un ingrediente,
cambian la receta, los ingredientes, y el resultado es otro. Si vas a
preparar una paella, en vez de arroz no puedes poner garbanzos o
lentejas. Y otro factor que influye es la falta de técnica. En el taller
los alumnos están muy apoyados, hacen los panes conmigo, y cuando van a
casa ante el primer pan aparecen las dudas; la fermentación no se hace
correctamente o falla el horneado porque no conocemos nuestro horno.
Aprender hacer pan no es que sea una profesión pero necesita una
dedicación. Las primeras veces que lo elaboramos puede que no quede
perfecto, pero debemos ser constantes y cada vez iremos mejorando. En el
momento en que comprendemos la técnica y los procesos de hacer pan, de
repente todo se vuelve mucho más fácil y empieza a salir siempre bien.
-Cuéntame algo de El Espíritu del Bosque.
-Es
un proyecto que surgió hace 18 años. Yo era chef y Pamela, mi mujer y
compañera de proyecto, diseñadora de interiores. En aquel tiempo
nuestras carreras tenían un ritmo de vértigo. Estábamos muy contentos,
pero nuestro tiempo era de poca calidad. Entonces encontramos un lugar
donde creamos y desarrollamos nuestras capacidades, vivimos a nuestro
ritmo. Hacemos las cosas de la manera que creemos coherente con nuestra
forma de pensar, en un sitio arbolado, lleno de luz, de buena energía.
Además de hacer y enseñar a hacer pan y repostería sin gluten, también
damos otro tipo de cursos. Pamela se ha especializado en cosmética
natural, buscando el uso terapéutico. También elaboramos quesos,
conservas. De hecho, en este tiempo de “quédate en casa” nos llamaron
muchísimo para consultarnos por las conservas, cómo se hacen, etcétera.
El Espíritu del Bosque es un espacio donde la gente, los alumnos, se dan
cuenta de que hay muchas ganas de transmitir conocimiento, un concepto
bonito de vida.



