Confianza y esperanza, dos caras de la misma moneda

Algunos de los grandes puntales para vivir

Aurelio Álvarez Cortez

Después de un diálogo breve pero profundo con un amigo, quedaron algunas ideas dando vueltas en la mente sobre la esperanza y la confianza, quizá dos elementos que los humanos señalamos como “botes salvavidas” en tempestades como las que amenazan hoy a nuestro convulsionado planeta.
“La esperanza —dijo Luc de Clapiers, marqués de Vauvenargues, filósofo francés del siglo XVIII— es un charlatán que nos engaña siempre“. Mientras que la esperanza, según aquella conversación, “nos saca del momento presente, empujando siempre hacia un futuro supuesto o ilusorio”.
Confianza y esperanza… Para hablar más acerca de esta cuestión invitamos a Emilio Carrillo, que el 18 de abril próximo estará en Valencia, para ofrecer su conferencia anual en esta ciudad, organizada por Tú Mismo. (Más información sobre este evento a través de info@tumismo.es)
Con él, exploramos otros argumentos y lo siguiente fue lo que nos compartió.

-El pensador francés del siglo XVIII, Luc de Clapiers, decía que la esperanza es un charlatán que nos engaña siempre. Esta frase la recordaba un amigo para contraponerla a lo que consideraba que era la confianza: “La esperanza nos saca del presente, empujando siempre hacia un futuro supuesto ilusorio. Mientras que la confianza supone plenitud, que todo ya es completo. Tal como es, no falta nada”.

-Cuando hablamos de estos dos componentes tan importantes de la vida y del alma humana, que son la esperanza y la confianza, podemos analizarlos desde el punto de vista de lo más cotidiano, de lo más superficial, o desde lo más trascendente, más espiritual. En función de que abordemos una perspectiva u otra, los resultados van a ser muy distintos.

Si observamos la esperanza desde un punto de vista más profundo, lo que nos han enseñado los grandes sabios y sabias, va enormemente ligada al discernimiento, y se nutre de la confianza. De este modo, la esperanza y la confianza son casi como dos caras de la misma moneda.

Cuando hablamos de confianza, ¿en qué confiamos?, ¿en qué no confiamos?, ¿en qué dejamos de confiar? Esa, quizás, es la primera la primera cuestión.

Yo no tengo confianza en el sistema, no confío en las instituciones, en los políticos, en la mayoría de las cosas que componen este mundo, que en gran parte percibo que no es el mío. Ahí no tengo confianza.

Incluso, la propia vida me ha mostrado que cuando hablamos de la confianza con los demás, tenemos que ir con precaución. Porque finalmente cada uno es cada uno y, en lugar de confianza, es ingenuidad. Aquí también debemos saber poner límites.

- Anuncio -

Sin embargo, tengo confianza en la Vida. Hay algo en mi interior muy fuerte que hace ya tiempo me llama a confiar en ella. La Vida que muchos pueden percibir como una amenaza, como una especie de francotiradora, que en cualquier momento nos da el susto y nos dispara con circunstancias que nos afectan a nosotros mismos, a nuestros seres queridos.

Percibo que la Vida siempre nos abraza y juega a nuestro favor. No tiene relación con lo que mi pequeño yo pueda querer o dejar de querer, sino con lo que mi verdadero ser necesita para que yo mismo recuerde quién soy, que ese verdadero ser se haga presente y vaya tomando las riendas de mi vida.

Podemos ahondar al respecto en lo que, creo, son dos grandes fuentes de sabiduría, una de ellas muy ligada a distintas tradiciones espirituales, occidentales y orientales, que nos hablan de lo que me gusta denominar la tríada perfecta. Tres grandes puntales para vivir.

Su primer componente es la confianza en la Vida. A partir de esta, otro pilar, la aceptación, y finalmente la esperanza, fruto natural de la confianza en la vida. Se confía, se acepta lo que acontece con el telón de fondo de la confianza, y no hay juicio.

La Providencia siempre nos va a aportar exactamente lo que precisamos, no desde el punto de vista de nuestra personalidad, sino de nuestro verdadero ser.

-¿La confianza nos une con aquello que es real, con lo que realmente somos, Aquello?

-En el ámbito occidental, por ejemplo, en el cristianismo, esa confianza arraigada en algo más profundo tiene que ver con la denominada Providencia Divina.

Cristo es muy insistente en esto. También la mayoría de los textos sagrados. No solamente es que la Vida nos abraza, sino que por ello todo lo que ocurre tiene un sentido profundo, un porqué y un para qué que juegan a nuestro favor.

Además, la vida está impulsada por un principio primordial que podemos llamar divinidad, que hace que la propia Vida tenga dimensión de Providencia. Una Providencia que siempre nos va a aportar exactamente lo que corresponde, lo que precisamos, pero no desde el punto de vista de nuestra personalidad, sino de nuestro verdadero ser.

En distintas ocasiones, Cristo Jesús nos dice con claridad que nos preocupamos excesivamente: “Considerad los lirios, cómo crecen: no trabajan, no hilan; y sin embargo os digo que Salomón, en toda su gloria, no se vistió como uno de ellos”, o “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta”. Pero ahí está el ser humano siempre metido en los afanes del pequeño yo, de nuestra personalidad. Recuerdo que la primera vez que leí esas frases me conmoví y aun ahora.

Hay ciclos, una evolución y un principio que todo lo impulsa. En el ámbito oriental, hay una expresión menos conocida, el célebre wu wei, el “no esfuerces”. No es nihilismo o inacción, sino simplemente ser consciente de que el ser humano debe tener voluntad, porque la confianza no significa no tenerla. La confianza no significa indiferencia. Confianza no es ingenuidad, porque, como decíamos antes, la confianza conlleva acción y voluntad.

Es una voluntad que está en armonía con el convencimiento de que hay algo que fluye, un principio primordial que todo lo impulsa.

Cuando actuamos y nuestra voluntad está alineada con ese wu-wei, con ese tao, que nos enseña la filosofía taoísta, todo tiene armonía, todo es perfecto. En cambio, cuando en nuestra acción, por los motivos que sea, vemos que empiezan a surgir cosas que no encajan, intentamos llevar a cabo proyectos, iniciativas, que no cuadran desde la filosofía del Tao. La vida te va diciendo “esto no te conviene”, aunque tu pequeño yo lo intenta. En lugar de forzar, reflexiona, recapacita y reconduce.

Así que podríamos decir que la Providencia, por un lado, y ese wu wei son también grandes columnas que soportan la confianza cuando estamos hablando de una confianza profunda, de una confianza trascendente, que tiene un nivel espiritual.

-¿Quien es confiado también es pleno?

-Cuando la plenitud, que evidentemente se relaciona con nuestro verdadero ser, hace acto de presencia y toma las riendas de nuestra vida, tiene en la confianza un componente, y yo diría que incluso una prueba de algodón, fundamental. Si la confianza no existe en la persona, difícilmente puede haber plenitud. Y a esa confianza algunos autores la han definido como una especie de salto al vacío.

¿Por qué? Porque podríamos decir que estamos yendo más allá de lo que tradicionalmente son parámetros intelectuales o mentales. Aparece lo trascendente, lo espiritual. Y a partir de ahí, para muchas personas en esta sociedad en la que estamos, quizás ese salto al vacío significa dejar un terreno firme. Pasar al ámbito de la creencia espiritual, incluso filosófica trascendente.

Eso realmente no es así. Cuando vamos abriendo los ojos, percibimos que tener una visión espiritual y trascendente de la vida no es ni mucho menos una creencia, sino de verdad percibir la realidad. Cuando no lo hacemos, nos quedamos encadenados a lo puramente superficial y material. Ahí no estamos abordando la realidad en su auténtica naturaleza.

Esta idea del salto se desarrolla muy bien, en mi conocimiento limitado de los temas filosóficos, en Kierkegaard, el gran autor y filósofo, padre del existencialismo. Él plantea la confianza como ese salto y lo pone, hasta cierto punto, como un componente opuesto a la razón pura.

Sin embargo, creo que realmente la razón, si es pura, conduce a lo trascendente. El problema es que muchas veces llamamos razón a lo que no es razón pura, sino una razón limitada, precisamente por un encapsulamiento de nuestra mirada hacia lo superficial y lo puramente material.

Y en el caso de Kant, cuando habla de la razón pura y del conocimiento a priori, podríamos decir que es la base que da la posibilidad de dar ese salto, de la apariencia a la esencia, del que habla Kierkegaard y que nos lleva a la confianza.

Digamos que la confianza es una brújula muy importante para vivir en este huracán, en esta complejidad creciente.

La confianza está anclada en el presente y nos adentra en él.

-¿La confianza nos ancla en el aquí ahora?

-Por supuesto, la confianza no tiene nada de evanescente, contrariamente a lo que el materialismo puede enseñar. La confianza tiene como gran valor el hecho de que nos ayuda a vivir el momento presente.

Reflexionar sobre la muerte e integrar en tu vida que la muerte no existe es la mejor forma de vivir el momento presente, porque si tienes miedo a la muerte, tienes miedo a la vida. Y si tienes miedo a la vida, de alguna forma estás contaminando tu momento presente.

El término “ancla”, que tú has utilizado, lo hago mío también. La confianza está anclada en el presente y nos adentra en él.

Y en cuanto a la esperanza, también está anclada en el momento presente. Tiene su fundamento en el momento presente, su pilar básico es que todo lo que está pasando ahora, en mi vida y en la Vida, tiene un porqué y un para qué.

Santo Tomás de Aquino dice que la esperanza es un don divino que se apoya en la confianza. Aquí aparece una confianza primeriza. Es la promesa de una bienaventuranza final.

-Byung-Chul Han, el famoso filósofo surcoreano contemporáneo, afirma que la esperanza es un acto de vinculación social y de resistencia a la fatalidad. Y Nietzsche la ha criticado, porque “prolonga el sufrimiento al mantener la expectativa de un bien que no llega nunca”.

-Han es un filósofo fundamental contemporáneo. Su obra canaliza muy bien las cosas que suceden en el mundo, con una mirada onda, que además se agradece en momentos de tanta superficialidad. Es cierto que él, cuando analiza la esperanza, está muy influido por el pensamiento de Nietzsche, e incluso por el pensamiento estoico, muy crítico con la esperanza.

Es más, los estoicos decían que el miedo y la esperanza eran dos caras de la misma moneda. Claro, cuando hablamos de estas aportaciones, depende del prisma con que las veamos. Si nos vamos a la esperanza superficial, superflua, ingenua, inconsciente, del hombre corriente, pues lo que dicen tiene más razón que un santo.

Ahora, cuando nos vamos a una perspectiva de la esperanza más honda, caminamos por otro derrotero. Ha llegado el momento de profundizar en el discernimiento.

-Vamos a ello.

-Cuando la esperanza no es hija del discernimiento, nos encontramos con lo que dicen los estoicos, Nietzsche o Han. Cuando la esperanza es hija del discernimiento, es todo lo contrario. Y yo diría que el discernimiento que afecta a la esperanza tiene dos grandes componentes.

El primer componente, del que ya hemos hablado, es el discernimiento sobre la Vida, que tiene un sentido y tiene como pilar, como fruto, aceptación y esperanza.

Por tanto, es darnos cuenta de que en la vida las cosas no suceden por casualidad, sino que está llena de causalidades, de sincronía, de señales. El discernimiento de que en la vida todo tiene un sentido profundo, un porqué y un para qué nos lleva a la esperanza.

Y el otro componente es el discernimiento sobre la evolución.

Evolución es un término precioso, que va mucho más allá del contenido vago que a veces le solemos dar. Porque el cosmos entero está en evolución.

La evolución también tiene que ver con el movimiento. Todo está evolucionado, todo está en movimiento. Como muy bien dice la filosofía oriental, aunque hay algo impermanente, que es el ser, todo lo demás es impermanente, en continuo cambio, en continuo trasiego.

Y el discernimiento sobre la evolución nos lleva a darnos cuenta de que, efectivamente, todo está en movimiento.

Ahora bien, el discernimiento nos enseña que hay unos patrones, unos ciclos, y que por tanto la toma de consciencia, el percatarse de la realidad, también se vincula con esos patrones y ciclos. Y aquí la esperanza surge ineludiblemente.

Cuando Cristo Jesús, por ejemplo, dice que esta generación humana va a concluir y surgirá una nueva, en una tierra restaurada, yo puedo afirmar categóricamente que tengo esperanza en que, en efecto, este ciclo humano concluirá y se iniciará un nuevo ciclo humano.

Pero esa esperanza no es consecuencia de un acto mental, sino de una sabiduría profunda de que la Vida se expresa en ciclos. Que todo, miremos por donde miremos, está en movimiento, plagado de ciclos, y que también esta generación humana es un ciclo que terminará cuando corresponda y dará lugar a ese nuevo grupo humano.

-También se afirma que la esperanza puede ser un fenómeno social colectivo que vincula y reconcilia a las personas, permitiendo que se apoyen mutuamente, en tiempos difíciles, como ahora.

-Volvamos a las dos perspectivas, la más mundana y superficial, y la más profunda y espiritual.
Para empezar, mi convencimiento es que no estamos solos bajo ningún concepto. Sé que hay muchas personas que pueden sentirse solas. En la sociedad de la comunicación se está produciendo más incomunicación que nunca.

Pero esa incomunicación o esa sensación de soledad es simplemente una mirada superficial. La realidad es que estamos muy bien acompañados.

En la realidad sobrenatural hay un componente que es la dimensión álmico-espiritual, que es el verdadero, porque no es efímero, sino imperecedero. Hay una conexión mágica entre nosotros.

Yo sé que, aunque tú y yo físicamente nos vemos una vez al año, en la conferencia en Valencia, a lo largo del año, dos, tres veces, tenemos encuentros online, con lo cual podemos decir, desde un punto de vista superficial, que Aurelio y Emilio se ven una vez al año físicamente y varias veces al año online.

Pero no tengo ninguna duda de que entre tu alma y la mía hay un vínculo. Un vínculo generado por nuestra colaboración, nuestro diálogo, por nuestro quehacer conjunto, y yo sé que ese vínculo existe permanentemente. Te recuerde o no a lo largo del día, te tenga presente o no te tenga presente, ese vínculo álmico siempre está ahí. Esos vínculos álmicos hacen que, aunque no nos demos cuenta, vayamos caminando de la mano.

Ciertamente, cada uno tiene su ritmo, sus cosas, pero estamos en un camino conjunto. Tengo la consciencia clara de que estamos caminando de la mano, no solo cuando nos vemos en Valencia u online. Es continuo. Esto hace que veas la vida de una forma totalmente distinta.

Quizás también merecería la pena que habláramos de la diferencia entre el optimismo y la esperanza.

Aunque parezca a nuestra mente que todo está sucumbiendo, por tantas miserias humanas, debemos elevar la mirada.

-Adelante.

-Una autora, del siglo XIV, Juliana de Norwich, una eremita mística muy reconocida, tiene como una de sus cualidades ser la primera mujer que escribió un libro en inglés. Se hizo famosa en su época porque decía continuamente “all shall be well”, todo saldrá bien.

Mucho antes de conocerla, en el estado de mi WhatsApp tengo otra frase, parecida, que vi en un bar de Málaga. Me encantó y la hice mía: “Siento estropearte el final, pero todo termina bien”.

Esta frase no tiene que ver con una visión superficial. Viniendo de Juliana de Norwich, seguro que no.

Volvamos al discernimiento. En medio de este traqueteo actual, aunque nuestra mente a veces se venga abajo porque pueda entender que todo está sucumbiendo, o por tantas “miserias humanas”, debemos elevar la mirada.

Ese discernimiento nos lleva a la esperanza, a la idea de paz, un bálsamo de paz para vivir este huracán de una manera totalmente distinta.

No es lo mismo vivir este huracán en el entendimiento de que nunca cesará, a ser conscientes de que hay ciclos, y este huracán, por muy potente que sea, terminará cuando corresponda. Y cuando un ciclo termina, se abre otro, nuevo, que suele ser de una cualidad vibracional superior a la del anterior.

El otro día escuchaba el vídeo de la entrevista que le hizo Larry Fin, director general de BlackRock, el gran fondo de inversión, a Elon Musk en el Foro Económico Mundial celebrado este año en Davos. En un momento determinado, ya hacia el final, Musk habla del optimismo. Claro, de un optimismo totalmente desligado de la esperanza. Dice que cree que hay que ser optimista porque si lo somos, aunque nos equivoquemos, le aportamos calidad a la vida. Y la calidad de vida del optimista es mayor que la calidad de vida del pesimista.

Bien, yo me permitiría corregir a Elon Musk, con toda modestia, para decirle que realmente lo que nos da plenitud y claridad en la vida no es el optimismo o el pesimismo: es la confianza y la esperanza de las que estamos hablando. La esperanza va más allá de lo que es el optimismo.

El optimismo entra en el campo vano y superficial al que nos referíamos antes. Es como una especie de voluntarismo. No es un tema que tú decidas ser pesimista u optimista. Lo que tienes que tener es discernimiento. Y este te lleva a darte cuenta de que vivimos en una sociedad distópica, que el momento presente es un absoluto desbarajuste, lo mires por donde lo mires. No se trata de que seas pesimista, sino, simplemente, tener discernimiento.

-Emilio, nos vamos a encontrar entonces en Valencia, el 18 de abril, en el Hotel Senator Parque Central, para escucharte hablar del tema “Aprende a interpretar el tiempo presente”. -Si te parece bien, comenzaremos la conferencia con el tema de la esperanza y la confianza, para a partir de ahí analizar lo que está ocurriendo, con una interpretación seria y contundente del momento presente. Y después consideraremos lo que Cristo Jesús llamó los signos de los tiempos. Para estar atentos a ellos y discernir.

🠋 Aquí puedes ver la charla completa en nuestro canal de Youtube.



Lo más destacado

Stanislav Kondratiev
de Unsplash