Daniel Ramos Autó
Giulia Valle (Sanremo, Italia – Barcelona) es contrabajista, compositora, líder de banda y docente. Reconocida como una de las creadoras más originales del jazz contemporáneo, ha
desarrollado una trayectoria internacional que combina tradición e innovación, liderando proyectos de gran impacto y colaborando con referentes del jazz y la música popular.
Su profundo interés por las conexiones entre música, cerebro y conciencia la ha llevado a compartir su visión en masterclasses y conferencias para instituciones nacionales e internacionales, impulsando una pedagogía artística basada en la integración de arte, cuerpo y pensamiento. Y ello la ha llevado a publicar “Cerebro en equipo”, por la editorial Versos & Reversos, con un subtítulo sugerente: “Neurociencia para el desempeño y la motivación en Música (y otras Artes)”.
“Mi interés por comprender los mecanismos biológicos de nuestra mente empieza desde bastante jovencita, como paciente diagnosticada con TDAH”, comienza diciendo para explicar en qué momento sintió que esa comprensión científica podía convertirse en una experiencia transformadora.
“Después, durante todos mis años dedicados a la música, me di cuenta de cómo una experiencia traumática propia podía acabar, literalmente, con el sonido, o con la motivación de los músicos que me rodeaban, tanto en los alumnos como en los compañeros de proyectos”, agrega.
–En la vida cotidiana, no solo en el arte o la docencia, la ansiedad, la dispersión y la autoexigencia se han vuelto parte del paisaje. ¿Qué nos enseña la neurociencia sobre cómo gestionar esos estados mentales que tanto nos limitan?
-La neurociencia nos permite comprender los mecanismos biológicos subyacentes a estados como la ansiedad, la dispersión o la autoexigencia.
Pero su alcance va mucho más allá. Es un campo amplio que dialoga con muchas disciplinas, desde la medicina y el deporte, hasta la educación o los entornos laborales y que, en los últimos años, también se abre a dimensiones más sutiles de la experiencia humana.
Cada vez más investigadores exploran los factores intangibles que influyen en nuestra percepción de la realidad y la posibilidad de una conciencia más amplia.
–En el ámbito musical y educativo, el miedo al error y el perfeccionismo están muy presentes. ¿Crees que entender lo que ocurre en el cerebro puede ayudarnos a desactivar esos patrones de sufrimiento tan arraigados en la práctica artística?
-Absolutamente. Esto no significa que debamos ser todos expertos en neurociencia para tener una base de conocimiento, ayuda.
Por ejemplo, cuando una persona reacia a terapia, o simplemente al trabajo de autoconocimiento, comprende que lo que le sucede es fruto de un mecanismo biológico, el término ansiedad o incapacidad de crear pasa a ser más digerible o aceptable.
“No soy incapaz, simplemente mi córtex prefrontal no puede trabajar con la misma intensidad porque mi sistema límbico acapara el 70% de mi energía mental”. Dicho de otro modo: “Estoy en modo alerta, ¿cómo voy a crear?”.
A partir de aquí se trata de comprender por qué estamos en modo alerta, qué lo genera, y cómo podemos restablecer nuestro sistema nervioso.

-Has vivido durante años entre escenarios, aulas y laboratorios de ideas. Desde esa triple mirada como intérprete, pedagoga e investigadora, ¿qué es lo que más te ha sorprendido de la relación entre cerebro, emoción y creatividad?
-Quizás lo que más me sorprenda es que no se hable en absoluto de estos temas en la mayoría de centros superiores artísticos. El mundo académico artístico no contempla algo tan importante como la predisposición mental a la creación o a generar equipo.
-A menudo idealizamos la inspiración, pero tú hablas de entrenar la mente para favorecerla. ¿Hasta qué punto la creatividad puede cultivarse y no solo esperarse?
-La inspiración te sorprende trabajando. La música es, como muchas otras, una de esas actividades que demandan tiempo, no solo físico, sino también mental. Has de estar enchufado a ella, activa o pasivamente. Nuestro cerebro trabaja las 24 horas, incluso cuando estamos en reposo.
-Este proceso, llamado el modo neural por defecto, se genera mientras no piensas en nada específicamente, entonces tu mente reestructura e integra tus vivencias y aprendizajes en tu propia narrativa existencial.
Por eso es muy bueno, durante etapas de aprendizaje o creación intensas, tomarse un rato de reposo de tanto en tanto. En el libro propongo varios métodos, algunos de ellos más conocidos, otros de cosecha propia.
–En un mundo hiperacelerado, donde todo se mide en términos de productividad, ¿cómo puede un artista o un docente reconciliarse con el ritmo más lento y orgánico que exige la creación consciente?
-Esta es otra gran pregunta que me planteo cada día. Supongo que al final se trata de lidiar con lo que se tiene y adaptarse a los tiempos. El exceso de estímulos no favorece el modo neural por defecto, porque nos estamos acostumbrando a vivir en un estado de ruido mental constante.
-También reivindicas la cooperación frente al individualismo. ¿Qué cambia en nuestro cerebro, y en nuestra forma de crear, cuando dejamos de competir y empezamos a colaborar?
-Cambia todo. Sin un buen centrocampista, no puede haber buen goleador. Y los roles a veces se invierten, lo mismo se aplica a la música. Cuando comprendes que el equipo forma un uno y un todo, y que todo parte de la generosidad, de la motivación y el riesgo compartido, el engranaje es imparable.
Por lo general los músicos tenemos esta actitud en nuestro ADN. Pero entonces intervienen factores externos como ansiedad, sensación de invalidación, síndrome del impostor, y distorsionan nuestro desempeño. Un miembro de equipo demasiado encerrado en sí mismo es tan nocivo como un ególatra.
–La motivación es otro de los grandes temas que tratas. ¿Qué ocurre en el cerebro cuando sentimos entusiasmo por aprender, y cómo podemos mantener ese impulso cuando la rutina o el cansancio lo apagan?
-Qué gran término, el entusiasmo. El entusiasmo es el motor de todo. La curiosidad por aprender, descifrar e integrar la información es fruto del entusiasmo, y nos mantiene vivos, renueva nuestras células, genera nuevos mecanismos neuronales en nuestro cerebro.
Vivir entusiasmado es vivir en estado de gracia. Pero la vida es muy compleja, así como nuestra mente.
De repente, un evento traumático nos sitúa en un lugar de alerta que puede llegar a cronificarse. Esto se traduce en ansiedad, que es el gran enemigo de la creatividad y de la imaginación, nos desconecta de nosotros mismos.
A partir de aquí hay que comprender qué y por qué nos pasa, reconstruir la narrativa vital y levantarse poco a poco, con pequeñas acciones cotidianas y, si es necesario, con ayuda profesional.

–Si tuvieras que condensar la esencia de este libro en una sola frase, en una especie de brújula para artistas, educadores o personas curiosas, ¿cuál sería?
-Me encanta esta pregunta, aunque no seré capaz de condensarla en una frase relámpago.
Este ensayo es como un libro de cocina, con el añadido de que si quieres aprender a hacer una tortilla de patatas, te explico qué es un huevo, una patata, una sartén y el rol del fuego en la elaboración del plato. Pero no estás obligado a enfrentarte a toda esta información a priori.
“Cerebro en equipo” es un libro para tenerlo ahí, e ir leyendo lo que más te llame la atención. Puedes empezar por la segunda, por la tercera parte…dDa igual. Los conceptos más relevantes se revisan desde diferentes perspectivas, la parte más científica y la más experiencial o vital, y está en la curiosidad del lector ahondar más o menos en cada una.
Imagen de portada: Krisztina Csendes




