Aurelio Álvarez Cortez
¿Qué preguntas haríamos a Dios si pudiéramos hablar con Él por teléfono? Es lo que sucede en la historia novelada por Francesc Miralles en “El teléfono de Dios”, cuyo protagonista, que atraviesa un momento de tristeza y desconexión profunda, empieza a recibir llamadas en las que la voz al otro lado demuestra conocer todos los detalles de su vida. Así decide confiar y aprovechar esta oportunidad única para esclarecer todo lo que no entiende de la existencia.
Sobre esta novela inspiradora dialogamos con su autor, referente en el campo del desarrollo personal y escritor de numerosos libros de éxito internacional.
-¿Cómo surge en ti la idea del teléfono de Dios?
-Hacía mucho tiempo pensaba qué pasaría si te dieran ese número telefónico. ¿Qué le preguntarías? Muchas personas solitarias o que pasan por momentos de duda, de confusión, ¿se han hecho esa pregunta?
Cualquier cosa que signifique Dios para cada uno. Si tú eres de una religión determinada, pues el dios te viene dado. Pero puede ser también una conexión con la magia del universo, con tu sabiduría interior, con tu intuición. Puede haber muchas maneras de hablar con Dios.
-Ya que hablas de magia, el epígrafe, la frase que pones antes del comienzo de la novela, dice “entre miles de millones de probabilidades viniste tú a este mundo?, ¿cómo no vas a creer en la magia?”.
-Eso es mágico, ¿no? Porque era altamente improbable que viniéramos aquí. Que suceda es como que te toca el gordo, o más que el gordo de Navidad, algo más. Había una infinita posibilidad de no existir, y nosotros hemos sido elegidos para estar aquí.
La frase fue una sugerencia de Adriana Hernández, que colaboró con el libro en la documentación. Y sí, es un milagro que estemos aquí entre dos eternidades, en las que no hemos existido ni vamos a existir.
-Otra idea que resume el mensaje que das es que “la verdadera misión en la vida es amar sin esperar nada a cambio”. Toda una declaración de intenciones.
-Sí, es un tema que causa conflicto en mucha gente: ser un equilibrador.
En un famoso libro, Adam Grant explica que hay tres tipos de personas: los donantes, los receptores y los equilibradores. Están los que piensan “yo te doy si tú me has dado”, “yo no te felicito el cumpleaños si tú no me has felicitado el mío”… Pero la vida no funciona así porque cada persona es distinta, cada uno habla desde un lugar diferente. Cada cual tiene una situación vital diferente o una atención distinta.

-Hablas de las amistades, las relaciones, el autodescubrimiento, inclusive las experiencias cercanas a la muerte… En cuanto al amor, afirmas que no hay “medias naranjas”.
-Es imposible que una relación funcione cuando uno intenta completarse. Si eres incompleto, ¿cómo vas a relacionarte? Pues de forma incompleta, tóxica incluso. Aquí aparecen las típicas declaraciones que vemos en películas y en los boleros: “sin ti no soy nada”, “si tú me dices equis cosa, lo dejo todo”, “sin ti muero”. Eso es amor tóxico. Le estás poniendo una presión tremenda a la otra persona, ni siquiera le das el derecho a salir de la relación.
¿Cómo vamos a vincularnos bien de ese modo? Tiene que ser desde la libertad.
La naranja completa significa estoy bien conmigo mismo, me acepto, me amo tal como soy, con imperfecciones, y por lo tanto estoy preparado para caminar junto a alguien como yo, que se ame a sí mismo, que se acepte como es, que tenga su propia mochila, y vamos a ver adónde llegamos juntos.
-¿Y el famoso “te amo para siempre”?
-Nadie puede decirlo. Eso debería decirle un padre a su hijo porque es una cuestión biológica y, de hecho, cuando tú traes una vida al mundo, esa debería ser la intención.
Donde no hay ese tipo de vínculo, el amor siempre es condicional en el sentido condicionado a que nos sigamos respetando, a que sigamos teniendo un proyecto de vida conjunto, a que vayamos en la misma dirección.
El problema es que, una vez empezado un vínculo, las personas cambiamos, y lo que se trata es de cambiar juntos. Si lo hacemos en direcciones opuestas, mientras uno se interesa mucho por el dinero y trabaja dieciséis horas al día, y el otro siente que lo que necesita es tiempo, compartir y tiempo de calidad, pues no nos vamos a entender.
-Expresas que en la familia no basta solamente el amor o amar, sino que hay que expresarlo, decirlo.
-Esto es algo que señalaba mi amigo Alex Rovira en su libro “Amor”, que hay gente que ama pero no lo dice, ama en silencio, a la japonesa. Que promete hacer muchas cosas, que manifiesta grandes sentimientos, pero que luego los actos no lo refrendan. Siempre digo una cosa que es un poco cruel. Si tú vas a una cena de amigos y parejas, y uno se levanta, normalmente un hombre, proclamando el amor a su mujer, pienso “tiene un amante”.
El amor hay que demostrarlo en el día a día. Cuando en las redes alguien sale con esas declaraciones, digo “aquí está pasando algo”.

-Introduces también las meditaciones de Marco Aurelio. ¿Qué tienen que ver con el teléfono de Dios?
-Marco Aurelio fue una especie de Dios en su tiempo, por la fuerza del mensaje que transmitía.
Quizás fue el primer autor de autoayuda de la historia. Además, un autor inesperado, porque fue un emperador que escribió casi todas sus meditaciones en el campo de batalla, un lugar donde uno está para matar y salvarse.
¿Qué reflexiones podría tener sobre la bondad humana? Pues este hombre en la campaña las escribió, y a día de hoy el libro de “Meditaciones” sigue estando entre los más vendidos de crecimiento personal. Es decir, continúa vigente por lo que dice. Es un libro de hace dos mil años que lo venimos leyendo, señal que nos sirve.
-Abordas también el tema de la singularidad, uno mismo. Vista en profundidad, la autenticidad implica aceptar luces y sombras propias.
-Sí. A veces nos quedamos con unas o con otras, depende. Eso lo explicó muy bien Jung. Cuando él hablaba de la sombra, ¿a qué se refería? Pues a toda esa parte de uno mismo que no está aceptada.
Lo que te molesta del otro normalmente es algo que está en ti. Una parte no reconocida, pero que tú la proyectas en otros. Ahí la puedes ver y puedes preguntarte “qué tengo yo de eso”.
Existen cosas en mí que no me gustan y debería enfrentarlas. Pero es más fácil buscar enemigos fuera.
-¿Hay puertas que se abren solo solo una vez en la vida?
-Momentos que son verdaderas oportunidades. Por ejemplo, cuando una persona en un tren te saluda o decide dirigirte la palabra. Dice la Biblia que se debe tratar a los forasteros con hospitalidad porque hay quien ha estado en compañía de ángeles sin saberlo.
Entonces, quizás, tu futuro depende de que entables una conversación, o no, con esa persona porque ella te puede dar una información que te lleve hacia un lugar inesperado.
-¿Por qué introduces el tema de las experiencias cercanas a la muerte?
-Tiene mucho que ver con el sentido de la vida, el misticismo. Pero la verdadera razón por la que lo introduje es que, mientras estaba escribiendo, un amigo me dice que ha conocido a un hombre que ha vivido esa situación.
Entonces pensé en introducirlo como personaje en el libro porque uno de los temas de la novela es el más allá de la trascendencia, qué habrá después de esta vida, o qué podemos sentir. En el epílogo se explica que es una experiencia real.
-En cuestiones de dolor y enfermedad, la cercanía y la palabra son medicinas muy útiles, según se desprende de esta historia.
-En momentos difíciles, de dolor, por un duelo, una pérdida o enfermedad, cualquier cosa que nos lleva a un estado de ánimo muy bajo, es muy diferente vivirlos desde la soledad, la furia o el enfado, que rodeado de personas queridas y solidarias.
Eso dependerá de lo que hayas hecho a lo largo de tu vida. Si cuando otros estaban mal, tú los atendiste, ellas vendrán a verte, por reciprocidad. En cambio, si tú eres alguien que solo ha pensado en sí mismo y que incluso ha tenido un contacto grosero con el mundo grosero, buscando el conflicto, pues igual te encontrarás solo en esos momentos.
En trances así, tan dificultosos, una voz de amigo lo puede cambiar todo.

-Precisamente, sobre las amistades reflexionas que son como espejos de uno mismo y que la vida es una terminal de llegadas y salidas.
-Si analizáramos en un mapa cada parte de nuestra vida, veríamos un tipo de amigos distintos. Yo, por ejemplo, creo que fue en la época en que me rodeaba de criticones, de gente negativa, que todo les parecía mal, acabé actuando como ellos, por contagio emocional. Luego me he vinculado con personas más nutritivas.
Júntate con aquella gente a la que te quieras parecer, incluso, si puedes, hazlo con personas mejores que tú, eso sería lo ideal.
Si tú ves a alguien que es más bondadoso, más creativo, más práctico, pues camina a su lado. Esta persona te va a enseñar muchas cosas, será un profesor de vida, muy valioso. Al elegir nuestras compañías elegimos la calidad de nuestra vida.
-¿Los egos pequeños son más manejables?
-Sin ego, según la psicología, no se podría vivir, un mínimo sentimiento de identidad hay que tener. El ego sustenta la personalidad. Aquí lo que marca la diferencia es si el ego es pequeño y manejable. Es como si tuvieras una casita en el campo con una sola puerta que defender.
Si tu ego es como un castillo, hay mil lugares por los que te pueden atacar. Es mucho más complicado sostener eso. Soy partidario de los egos manejables y que sean solo para razones funcionales.
-Recuerdas aquella frase de Kafka de “todo aquello que estás buscando también te está buscando”.
-Kafka era un gran filósofo. Lo que dijo es como una especie de ley de la atracción bien entendida. Cuando tú estás conectando con la gratitud y con la bondad encuentras a gente bondadosa. Es decir, lo que tú buscas te acaba buscando a ti.
-Lo curioso es que estamos más conectados con el cosmos de lo que creemos.
-Nosotros somos cosmos, partículas que están conectadas con las del universo. Eso no significa que la física cuántica explique la telepatía ni nada de todo eso que se dice. Pero no puede entenderse el ser humano sin el todo al que pertenece.
La última novela de Dan Brown tiene una pequeña base teórica sobre la conciencia y el otro día pregunté a un catedrático en genética dónde está la conciencia, porque muchos dicen que no está el cerebro. Me respondió: “No te puedo asegurar que esté en el cerebro, pero intuyo que está en todo el cuerpo”. Hay quien dice que está en una nube y el cerebro es una especie de conector…
Por lo tanto, si no sabemos dónde está la conciencia, imagínate lo poco que sabemos de lo que es la experiencia de vivir.

-Otra cuestión que tratas es la del tiempo. Pasado, presente y futuro. ¿Podemos cambiar la historia?
-Todo está pasando al mismo tiempo y podemos resignificar el pasado. En su famosa conferencia en la Universidad de Stanford, Steve Jobs habló de unir los puntos. Algo que en tu pasado consideraste traumático, visto con la perspectiva del tiempo, tiene un sentido en el rompecabezas de lo que tú has acabado siendo. Y te das cuenta de que sin aquel fracaso, sin aquella pérdida, sin aquel abandono, no habrías podido llegar a donde estás ahora. Entonces, el futuro, el presente, le dan un sentido distinto al pasado.
Entiendes la moraleja de la historia, además te da pistas para proyectar el futuro.
-Pero estar en el presente, con atención plena, significa instalarnos en la eternidad.
-Exacto, eso es realmente difícil y en psicología se llama un sentimiento de flow. Estar totalmente presente en lo que haces sin que la mente se proyecte a lo que pasó ayer o a lo que podría suceder mañana. La aspiración de todo meditador.
Yo soy un pésimo meditador. Medito leyendo o tomando un té. En inglés presente significa un regalo también.
Luego, meditar es una forma de conectar con la alegría. Cuando reímos de verdad estamos en un estado alegre, el tiempo desaparece.
Fíjate, si miramos las emociones básicas, la tristeza pertenece al pasado, a cosas que se perdieron, algo que ocurrió. La ira corresponde también al pasado. Nos enfadamos por algo que ha sucedido o no. Mientras que el miedo y la angustia pertenecen al futuro. Lo que podría pasar, lo que podría amenazar, lo que podría perder… Lo único que está en el presente es la alegría.
-Por último, ¿qué es actuar para y por el propósito, trazar un mapa?
-El mapa se va trazando de manera distinta en cada momento de tu vida. Tu propósito no es el mismo en todas las épocas vitales. Puedes tener un propósito cuando eres muy joven, otro en tu época universitaria, otro en el momento del trabajo.
Ahora bien, para trazar el mapa, la pregunta que me haría es “si me quedara un mes de vida, ¿qué es lo que me faltaría por hacer?, ¿qué es lo principal que debería hacer?”.
Por ejemplo, quizás digas quiero escribir la historia de mi padre, o quiero escribir lo que he aprendido en esta disciplina, y ahí tienes el mapa. El mapa es lo que tú quieres entregar a la humanidad según el talento que te ha sido dado.
🠋 Aquí puedes ver la entrevista completa en nuestro canal de Youtube.




