Aurelio Álvarez Cortez
Nos volvemos a encontrar con Virginia Gawel, psicóloga, terapeuta, docente y escritora, esta vez para desmontar uno de los grandes mitos de nuestro tiempo: la mercantilización del llamado bienestar. A lo largo del diálogo, esta pionera en la difusión de la psicología transpersonal y directora del Centro Transpersonal de Buenos Aires, deconstruye cómo las exigencias modernas y las redes sociales han transformado la salud mental y la espiritualidad en un exigente “segundo trabajo” orientado al rendimiento y a la optimización constante.
Inspirada en filósofos contemporáneos, las lecciones de la psicología transpersonal, las enseñanzas sobre el “buen morir” y la revolucionaria filosofía de la Felicidad Nacional Bruta de Bután, invita a un acto radicalmente contracultural: “parar la pelota” para simplificar nuestra existencia, recuperar el valor del tiempo no productivo y diseñar una vida que sea fiel a nuestra propia esencia original.
-A propósito del mundial de fútbol que se realizó recientemente, Virginia, hay una expresión que me gustaría traer a colación: “Parar la pelota”. Como sé que algo del tema conoces, ¿qué significa en el contexto de nuestras vidas?, ¿cómo podemos extrapolarla?
–Significa detenerse cuando uno se encuentra en una situación donde es necesario frenar el ritmo. Consiste en dejar que las cosas vayan lentamente, siguiendo un transcurrir pausado, tranquilo y sereno.
Esto cobra vital importancia porque en la sociedad actual estamos cayendo en una trampa: el bienestar se ha convertido en un segundo trabajo, sumamente pesado, donde las reglas impuestas por la sociedad económica y las redes sociales han transformado la salud mental en una métrica de rendimiento. Filósofos como Byung-Chul Han, en su teoría de “La sociedad del cansancio”, ya nos advierten sobre la necesidad de darnos cuenta de esta alarmante situación.
-Si ves a una persona sentada en un sillón sin hacer absolutamente nada, ¿qué piensas?, ¿por qué nos sentimos a veces culpables o ansiosas por esa inactividad?
–Depende de la persona, pero si lleva una vida decente, le diría que se quede tranquila en esa improductividad. El tiempo no productivo es indispensable para la salud interna. El concepto de “salud mental” se está utilizando muchas veces como una trampa del sistema. Creemos que somos libres porque tenemos un margen, pero cuando no logramos meditar, leer o cumplir con las obligaciones del día, caemos en lo que el sociólogo francés, Alain Ehrenberg describió en su libro como “La fatiga de ser uno mismo”.

-Parece que antes las cosas eran más sencillas. ¿Hemos complejizado demasiado nuestra existencia cotidiana con tantas exigencias de salud y estilo de vida?
–Totalmente. En nuestra adolescencia, el colesterol, la nutrición, la dieta, o la necesidad de fabricar músculo y hueso no eran problemas cotidianos; simplemente envejecíamos. Hoy tenemos que dilucidar cuál doctor de YouTube tiene razón, si el que dice que comas cuatro huevos al día o el que dice que eso te va a matar.
Además, se suma la presión de criar a los niños bajo ciertos protocolos exigentes. Yo viví 25 años en Buenos Aires y puedo decir que este es un mal de las grandes ciudades. En el pueblo donde crecí y donde vivo ahora desde hace 20 años, la vida es distinta: se duerme la siesta, se almuerza en familia y la gente cena y se va a dormir temprano.
La universalización del estrés es relativa. Debemos reemplazar las “obligaciones espirituales” por anhelos espirituales, ya que no podemos meter en el día todas las aspiraciones de meditar, llevar un diario de sueños y cumplir con agendas saturadas.
-Mencionabas antes “La sociedad del cansancio”. ¿Hacia dónde debemos dirigir nuestra mirada para contrarrestar esta prisa constante?
–Debemos mirar hacia el “Elogio de la lentitud” (obra de Carl Honoré). En mi juventud, a mis 32 años (la mitad de mi edad actual de 64), la gente me llamaba “Ventarrón” debido al tango, porque hacía todo rápido, dirigía una gran institución y realizaba todo a pulmón. Pero esa prisa constante me costó casi la vida y la salud, hasta que entendí que “menos es más”. Tuve que dejar de ser un ventarrón para convertirme en una brisa. Si no frenaba, la prisa terminaría afectando gravemente mi salud integral.
-En nuestras entrevistas de Tú Mismo solemos repetir una frase de moda en las redes: “sé tu mejor versión”. ¿Qué se espera realmente de esa “mejor versión” y qué pasaría si decidiéramos borrar esa consigna de la mente?
–Sin darnos cuenta, a veces vivimos ese “parar la pelota” de golpe, como un pájaro que choca contra un vidrio y cae atolondrado sin entender qué pasó. Mucha gente, de tanta prisa que lleva, pasa a través del vidrio de manera literal.
En contraste con esto, el monje David Steindl-Rast, que acaba de cumplir 100 años, nos propone una técnica muy simple: “Stop, look, go” (Para, mírate y sal al mundo). Es una práctica breve que nos invita a incorporar microhábitos con cuidado.
Me genera cierta incomodidad que algunos referentes de las neurociencias contemplativas promuevan meditaciones de solo 5 minutos. El cerebro precisa su propio tiempo para asentarse, de la misma forma que requiere tiempo tomar mate.
En mi propia familia, tuvimos que aprender que no es malo quedarse quieto en el sillón. Mi hermano, que trabaja en rehabilitación de personas con discapacidad física y tiene casi 70 años, sostenía un ritmo agotador. Conversando en familia, nos dimos cuenta de que asociábamos la quietud con ser perezoso o dejado. Mi hermano resumió esto con una frase muy potente: “Aprendimos a sobrevivir matándonos”, y por eso hay que parar la pelota antes de que ella nos desorganice.
El elogio de la lentitud consiste en examinar lo que sobra en una vida y en una agenda.
-Has tocado un punto crucial. Parece que incluso la espiritualidad y el bienestar se han convertido en un gran mercado de consumo.
–Exactamente, la espiritualidad se ha convertido en un mercado mercantilizado donde nos venden el hornito para las esencias, las flores, el almohadón a juego, cierta ropa o determinados mantras. Ronald Purser inventó un término muy acertado para esto: “McMindfulness“, que describe este capitalismo espiritual o espiritualidad de tipo “hamburguesa”.
Frente a esto, Henry David Thoreau en su libro “Walden”, escrito entre 1817 y 1862 en la orilla de un lago, nos dejó una lección imperecedera cuando se dio cuenta del espanto que era su cultura de prisa en el siglo XIX: “Simplifica, simplifica”.
Nos toma años simplificar qué personas deben estar cerca de nosotros, de dónde nos tenemos que ir, y entender que la espiritualidad no pasa por lo mercantil, sino por un proceso que es psicológico y profundo.

-Esta prisa por conseguir lo último en meditación o prácticas de yoga cuántico parece responder a un miedo de quedarse atrás. No queremos perdernos nada.
–Así es. Le ponen la palabra “cuántico” a cualquier cosa porque vende. Se persigue una zanahoria inventada por nosotros mismos, perdiendo el presente por estar siempre proyectados en el futuro. Incluso conceptos sagrados como el “aquí y ahora” han sido trivializados en tazas y sahumerios, haciendo creer a la gente que la trascendencia es algo sencillo y empaquetado.
La verdadera simplificación implica preguntarnos cómo comer más simple, simplificar nuestra heladera, nuestra vestimenta y nuestra vida en general.
-¿Y cómo se puede diseñar una vida verdaderamente simplificada y feliz en la práctica?
–Hay un ejemplo extraordinario que proviene de Bután. Su rey, Jigme Singye Wangchuck, quien asumió el trono en 1972, a los 17 años, se dio cuenta de lo que su país necesitaba y creó el concepto de la Felicidad Nacional Bruta en lugar del Producto Interno Bruto (PIB).
Bajo esta lógica, el trabajo no debe exceder las 8 horas diarias, contabilizando en este tiempo labores como cocinar, cuidar a un enfermo, ocuparse de una madre mayor o atender a los niños. En el tiempo libre restante, la población se dedica a actividades no productivas: el arte, la talla, la pintura, el cuidado del cuerpo, estar con la familia o ayudar a la comunidad.
Este índice se calcula encuestando qué hechos cotidianos del día anterior hicieron feliz a la población. No se trata de buscar “una mejor versión de nosotros mismos”, que es como cambiar un teléfono móvil por un modelo ultra, sino de reencontrar nuestra versión original, la de cuando éramos niños.

-Esta perspectiva también nos conecta inevitablemente con la finitud de la vida. ¿Cómo influye la conciencia de la muerte en nuestra forma de habitar el tiempo?
–Gran parte de mi trabajo se enfoca en acompañar hacia un “buen morir”. Cuando hay un diagnóstico grave o ante la cercanía de la muerte, las prioridades cambian de forma radical. Hace poco, en una clase, la psicooncóloga Fernanda Montaña compartió el video de un joven hospitalizado que sabía que iba a morir pronto. Él describía cómo, tras meses de encierro, salir al parque del hospital en un día templado de octubre y ver el cielo y las flores brotando lo hizo llorar de belleza. Su mensaje final era una petición para que no renegáramos por tonterías cotidianas, por “las migas sobre el mantel de la mesa”.
Como bien dice el médico paliativo Enric Benito, en miles de pacientes que ha atendido antes de morir, jamás escuchó a nadie decir: “Qué pena no haber pasado más tiempo en la oficina”. Nos estamos muriendo y la vida requiere que dejemos de vivir a ese ritmo absurdo.
-Hoy en día se promueve de forma casi coercitiva el llamado “enfoque extremo” o “hiperenfoque” para eliminar las distracciones y producir resultados récord en el trabajo. ¿Qué opinas de esta tendencia de exprimir la productividad?
–Ese enfoque extremo propone exprimir a la persona hasta el límite para hacerla más exitosa o productiva, pero lo único que logra es dejarnos encorsetados y aislados en una isla desierta.
La soledad es el gran problema de nuestro tiempo. Hay países europeos y nórdicos que han tenido que crear un “ministerio de la soledad” debido a que la gente enferma y se muere de soledad.
Es muy diferente la soledad del aislamiento, de la solitud, que es la soledad vivida en plenitud. Para cultivar la solitud, debemos elegir nuestros vínculos con cuidado, porque un vínculo sano requiere tiempo.
Yo elijo estar con mi familia, tomar un café sagrado con mi hermano los miércoles para conversar dos horas, y organizar reuniones cada tres meses con amigos valiosos para simplemente no hacer nada productivo.
Ninguno nació para ser una isla; somos continentes que debemos albergar a personas valiosas, lo que implica también dar de baja relaciones “vampirescas” que nos desgastan.
-Es un cambio difícil de realizar para quien ya tiene un ritmo de vida muy establecido.
–Es un trabajo arduo que funciona como un barco grande que tiene que dar la vuelta: no puede girar en ángulo recto, debe hacer una curva amplia para no volcar.
Debemos desintoxicarnos de la acumulación de prácticas y atajos. Hoy en día está de moda el uso de microdosis y psicodélicos para acelerar el nirvana o la evolución interna. Esto es sumamente peligroso. Si existiera una píldora para acortar un embarazo de 9 meses a 4 meses, ¿quién la tomaría de forma segura?
El inconsciente y la evolución interna tienen sus propios tiempos y se ganan con esfuerzo y dedicación. No hay atajos; el único atajo es el camino mismo.
-¿Existe el peligro de que las rutinas de bienestar y espiritualidad se conviertan en un simple anestésico para tolerar un estilo de vida que intrínsecamente no es sano?-Esa es la gran pregunta. Para descubrir si nuestra salud mental se ha convertido en un producto métrico de optimización, a veces necesitamos un “ayuno”. En mi caso, mis ayunos consistían en tomar vacaciones en soledad en la naturaleza, desconectada de todo, con comida y vínculos sencillos. Hoy en día, mis vacaciones son en mi casa.
Consiste en ir dándome cuenta de qué cosas consumen más energía de la que puedo reponer y saber decir “no puedo en este momento”.
Rediseñar la vida significa planificar a mediano plazo trabajar menos horas y direccionar el tiempo hacia nuestro propio proyecto, nuestra familia y cómo quisiéramos morir. Si uno diseña su vida pensando en cómo le gustaría morir, va por buen camino.
🠋 Aquí puedes ver la charla completa en nuestro canal de Youtube.




