Emi Zanón
Escritora y comunicadora
“La educación es el pasaporte hacia el futuro, el mañana pertenece
a aquellos que se preparan para él, en el día de hoy”.
Malcolm X
Nadie tiene una bolita mágica para predecir el futuro. No podemos saber cómo será la educación del futuro, aunque la vayamos intuyendo. Sin embargo, tal como eduquemos hoy determinará el mundo del mañana, pues creamos nuestra realidad con nuestras acciones, pensamientos y sentimientos.
Hace unos años, exactamente en 2013, en uno de estos artículos que dediqué a la educación, escribía: “El paradigma racionalista, mecanicista, en el área de la educación, como en cualquier otra, ha enfocado todos sus esfuerzos en el desarrollo de nuestro hemisferio izquierdo, racional, lógico… en la inteligencia lógica.
“Un sistema educativo en el que ‘estar en lo cierto’, apoyarse en lo que se ha demostrado cartesianamente, en las certidumbres, ha sido más importante que mantenerse abierto, aceptar la incertidumbre, aceptar la sensibilidad de nuestros cuerpos y mentes… dando como resultado, en los últimos tiempos, una profunda disociación interior entre lo que nos enseñan a pensar y lo que sentimos.
“Y con ello, también, un elevado índice de fracaso escolar en muchos jóvenes que no se sienten motivados por este sistema educativo alejado de la creatividad y lo artístico, cualidades estas de nuestro hemisferio derecho sensitivo, emotivo, creativo… de nuestra inteligencia emocional”.
Desde entonces a nuestros días, el salto hacia el paradigma actual de la era digital y de la complejidad impulsado por la tecnología ha sido gigantesco.
El enfoque principal de la educación actual ya no es memorizar datos, sino desarrollar habilidades humanas que las máquinas no pueden replicar fácilmente. Desarrollar la empatía, la resiliencia, el trabajo en equipo, el pensamiento crítico y la inteligencia emocional son los objetivos, no vividos como tal sino como un proceso.
Aprender como proceso (que es progresivo y no cesa nunca) y no como objetivo, para preparar a la humanidad desde el equilibrio de nuestros dos hemisferios cerebrales para un futuro incierto y cambiante.
Aprender, del mismo modo, a usar la inteligencia artificial y la tecnología con ética, criterio y responsabilidad es fundamental para nuestro futuro (me remito al ensayo “Ética para las máquinas”, del científico Ignacio de la Torre).
Aunque sigue limitada la acción por el viejo sistema –auguramos que por poco tiempo–, trabajar a favor de una humanización de la escuela, del pleno desarrollo del potencial humano y la trascendencia del Ser, nos ayudará a seguir evolucionando de una manera más acorde a nuestra auténtica naturaleza.
Hemos venido al planeta a conectar con el Amor, con el cosmos, a derribar las barreras de la separación.
La unidad, la integridad, el respeto, la tolerancia, la vida desde los dos hemisferios cerebrales y el corazón son, en definitiva, las vías de acción necesarias para un futuro de calidad para nuestra especie.
Los errores son parte del camino, y de ellos aprendemos. Por el momento, hemos aprendido que somos mucho más que un cuerpo físico. Somos seres de las estrellas traídos al suelo humano y, como tales, tenemos que enfocar nuestra educación.
Bienvenidos a este nuevo curso escolar. Padres y escuela formáis el mejor equipo para desarrollar el crecimiento de vuestros hijos. ¡El mundo del mañana es vuestro!
¡Feliz septiembre!
Imagen: Pragyan Bezbaruah




