¡Cambiar es vida!

De hábitos, costumbres, rutinas y otras pequeñas muertes cotidianas

Pilar Ivorra.
Terapeuta y formadora

¿Conoces el cuento del elefante del circo que estaba atado a una pequeña estaca y que, siendo tan enorme y fuerte, no escapaba de su infame destino?

El pobre elefante fue atado a aquella estaca cuando aún era muy pequeño y no tenía ni la fuerza ni la constancia para escapar, así que dejó de intentarlo y creció creyendo que era imposible deshacerse de esa atadura.

Se acomodó a la situación y allí seguía, aunque ahora era grande y fuerte y hubiera sido muy fácil romper la cuerda y salir corriendo en pos de su libertad.

El tema es que todos somos un poco como el elefante del circo. De alguna manera todos nosotros estamos atados a diferentes cuerdas que se disfrazan de hábitos, rutinas y costumbres. Y no hablamos solamente de los “malos” hábitos, puesto que en realidad cualquier hábito, lo califiquemos como lo califiquemos, es algo indeseable.

Tanto en chamanismo, como bajo el prisma de las constelaciones familiares, la diferenciación entre “buenos” y “malos” hábitos es uno de los grandes errores que cometemos, puesto que la rutina, lo que repetimos una y otra vez en nuestras vidas de manera automática, nos acerca a la muerte; y solo lo nuevo, lo que cada día es diferente, nos mantiene en la vida.

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¿Acaso no lo notamos? Cuando ha pasado un día entero de nuestras vidas sin sorpresa ni emoción, ¿cómo nos sentimos? Apagados. Sin embargo, cuando algo nuevo sucedió, trágico o cómico, nos sentimos vivos, emocionados, conmocionados, exultantes o apenados, no importa la emoción que nos produjo, sin duda nos movió algo por dentro, nos hizo sentir vivos.

¿Qué pasa cuando te preguntas si cerraste la puerta del coche? ¡No eres capaz de recordarlo! ¡Eso es perderse el presente! No estamos suficientemente atentos, funcionamos en automático, por pura rutina, creando cada vez más y más hábitos y costumbres que nos adormecen cada vez más.

Pensamos que la ventaja de un hábito es que se automatiza de tal forma que sin pensar se ejecuta, sin motivación y sin fuerza de voluntad, y que esto libera espacio mental en nuestro cerebro con las consiguientes ventajas de ello. Y yo digo que es una enorme desventaja, ya que nos permite vivir más desconectados de la atención, cualidad que se requiere para vivir una verdadera vida.

¿A que no eres capaz de imaginarte a un animal salvaje paseando por su hábitat sin prestar atención? Pues nosotros lo hacemos continuamente, perdiéndonos la vida a cada instante. Porque eso exactamente es la vida, una sucesión de instantes que pasan muy rápidamente. Y que, casi continuamente, vivimos en automático.

Todo en nuestro entorno está pensado para hacernos la vida más cómoda, pero la comodidad es lo que más caro se paga, y el precio es siempre el aletargamiento y la inconsciencia y, algunas veces, incluso la salud.

Si un hábito es el resultado de una acción que repites frecuentemente de forma inconsciente, la única manera de deshacerte de él y empezar a vivir el presente de forma total es la conciencia.

Todos hemos sido influenciados y hasta modelados por el entorno. Pero sería fantástico que nos comportáramos correctamente con los demás porque nos nace del corazón, no porque hayamos cultivado “buenos hábitos de conducta” y hayamos recibido una “buena” educación.

No deberíamos desarrollar buenos hábitos de conducta hacia los demás para tratarlos con respeto, sino ser más conscientes y amorosos y hacerlo porque somos capaces de verles como parte de nosotros, ¡con la consciencia de que todos somos uno!

Por ello es importante ir en busca de lo nuevo en cada momento, cada día, en cada lugar. No repetir demasiado los mismos caminos, las mismas actitudes, los mismos pensamientos o creencias, ¡cambiar es vida!

Una de las cosas que más nos va a ayudar a conseguirlo es aprender. Aprender cosas nuevas nos mantiene en la vida constantemente, un idioma nuevo, a tocar un instrumento, cómo viven otras culturas, viajar… y hacer cosas nuevas o las mismas de manera diferente, ¡atreverse! Probar y equivocarse o acertar, pero atreverse.

La vida es imprevisible, cambiante, inesperada. Si la tuya no tiene estos ingredientes, quizá necesitas deshacerte de algunos hábitos…

www.pilarivorra.org



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