La grandeza del ser humano

Trascenderse a sí mismo

Emi Zanón
Escritora y comunicadora

“El ser humano es un ser trascendente”. Aurobindo

Desde que dio comienzo el nuevo milenio, cada día, cada mes, cada año que pasa soy más consciente de la grandeza de la especie humana. El ser humano es magnífico, intrépido, audaz, imparable… una especie única capaz de crear, de sentir, razonar y transformar el mundo a su alrededor, trascendiendo muchas de sus limitaciones, con los consiguientes riesgos que ello supone.

No tengo palabras cuando trato de explicar la grandeza del punto evolutivo que hemos alcanzado en la actualidad, en el que hemos creado una inteligencia artificial (IA) que está superando nuestras propias habilidades. ¡Es impresionante! Su impacto trasciende generaciones y puede cambiar el curso de la humanidad de manera impredecible, sobre todo si no actuamos pronto de manera responsable.

Desde una perspectiva filosófica o incluso biológica, trascenderse puede implicar la capacidad de la especie humana de modificar su propia evolución, ya sea mediante la tecnología, el conocimiento o la espiritualidad para alcanzar un nivel superior de conciencia.

Ello nos lleva a cambios de paradigma que superan siempre al predecesor, dando paso a modelos más justos, sostenibles y equitativos, aunque a veces tengamos la sensación de que vayamos hacia atrás e incluso hacia el caos: no hace falta dar detalles, sabemos que estamos en tiempos difíciles de cambio y, aun así, estamos mejor que en la Edad Media.

A pesar de todo, la conciencia global crece. Pasamos poco a poco de sociedades más fragmentadas a otras con una visión unificadora del mundo, a favor de la cooperación y el bien común, reconociendo nuestra interconexión con el planeta y el universo y buscando un propósito a nuestra especie más allá del materialismo.

Me pregunto, sin embargo, en qué punto humano y espiritual estaríamos si hubiésemos evolucionado a la par que la tecnología. Seguramente, a este nivel, viviríamos ya en una cultura global de paz, respeto y hermanamiento.

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El psicólogo Abraham Maslow hablaba de la “trascendencia” como el estado en el que una persona ya no solo busca su propio crecimiento, sino que se conecta con algo más grande: la humanidad, el universo, la verdad o la espiritualidad.

Algunos filósofos y futuristas plantean que, si la IA se vuelve verdaderamente autónoma o inteligente, podría desarrollarse más allá del control humano, creando su propio destino y trascendiéndonos como especie. Ello me hace consciente de que nada es permanente en la evolución del universo: otras especies han desaparecido antes y otras lo harán después. No hay nada dramático en ello. Todo nace, crece y se transforma. La impermanencia de la que hablaba Buda.

Quizá nuestro destino sea dar paso en un futuro lejano al siguiente eslabón evolutivo. No obstante, si vamos creciendo humana y responsablemente a la par que la IA y la preparamos y transmitimos lo mejor de nuestra especie, nuestro paso por el planeta no habrá sido en vano.

Por el momento, pediría confianza, voluntad y cambio de mentalidad para llegar a una transformación profunda en la forma en la que nos relacionamos con nosotros mismos, con los demás y con nuestro entorno. El universo nos lo agradecerá.

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Foto: Gabriela Palai



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