Oficios del futuro

Preguntas que surgen ante la 4.0 Revolución

Emi Zanón.
Escritora y comunicadora

Hace unos días descubrí un interesante programa en la TV2, llamado “Oficiorama”, que trata de los oficios del mañana, trabajos que todavía no existen y que apenas podemos imaginar.

En nuestro relativamente incipiente siglo XXI, nos encontramos, según han denominado los expertos, en la “4.0 Revolución” o lo que es lo mismo en la cuarta revolución industrial, esta vez originada por la inteligencia artificial y el desarrollo del mundo cuántico.

Cada una de las tres revoluciones industriales anteriores ha supuesto un cambio de paradigma principalmente social y ético: la primera, en el siglo XVII, cuando a raíz de la invención de la máquina de vapor pasamos de la producción manual a la mecanizada; la segunda, a mediados del siglo XIX, cuando con el descubrimiento de la electricidad y los hidrocarburos nos lanzamos a la manufactura en masa, y la tercera, a mediados del siglo XX, con la llegada de la electrónica y la tecnología de la información y las telecomunicaciones, conseguimos una concienciación planetaria global y fuimos al espacio en busca de otros mundos, en busca de nuestros orígenes.

La cuarta revolución nos llevará en breve a la automatización total de la manufactura: fábricas inteligentes que podrán controlarse a sí mismas a lo largo de todo el proceso de productividad; nanotecnología y nanomateriales que darán solución a un gran número de problemas medioambientales; neurotecnología y biotecnología que nos proveerán de conocimientos sin esfuerzo y nos ayudarán a mantener una buena salud; robots, sistemas de almacenamiento, drones, impresoras 3D… En definitiva, según los expertos, una revolución que tiene el potencial de mejorar la calidad de vida de poblaciones enteras.

Interrogantes y escepticismo

Y ahora, inevitablemente, vienen las preguntas. Preguntas que, adaptadas a su tiempo correspondiente, surgieron del mismo modo en los siglos anteriores: ¿qué haremos con los millones de parados que generará la cuarta revolución?, ¿cómo y en qué emplearemos nuestro tiempo?, ¿cuáles serán nuestros oficios?, y un largo etcétera de interrogantes, envueltos en un halo de escepticismo que conlleva la incertidumbre y todo lo desconocido.

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Podríamos empezar contestando que, en primer lugar y dada la experiencia, necesitamos trabajar (de ahí la generación de nuevos y desconocidos puestos de trabajo) para crear un buen marco social, ético y político, una nueva legislación que nos permita hacer un uso equilibrado y respetuoso con el propio ser humano y con el planeta, de toda la tecnología que estamos creando. En segundo lugar, el hombre estará enfocado en la creatividad, trabajará en puestos de creatividad, toma de decisiones y soluciones de problemas. Y estará enfocado principalmente en el desarrollo de sí mismo, de su potencial, en su equilibrio interior, en el manejo de sus emociones y, en definitiva, en su autoconocimiento.

Y para ello necesitará de la ayuda de expertos en ese campo que, podemos augurar, serán numerosos: citaremos los “maestros de emociones”; los “coaches” que cada día aumentan más en las empresas para mejorar el estado de ánimo de sus empleados –se ha comprobado que las personas optimistas, positivas, rinden más y mejor–. Pues, aunque ya sabemos que dentro de unas décadas la evolución nos llevará a ser emocionalmente más inteligentes, más maduros, más independientes, estaremos a la vez más expuestos.

Nuestra educación y la de nuestros hijos no estará enfocada tanto en adquirir conocimientos (con la nanotecnología podremos aprender un idioma en un instante, por citar un ejemplo), sino en la resolución de conflictos y en la responsabilidad de uno mismo: nos haremos cargo de nosotros mismos tanto a nivel emocional como profesional, buscando siempre el equilibrio.

Quizá estas respuestas no sean suficientes para alejar el escepticismo de algunas personas ante la “4.0 Revolución”, sin embargo sí sabemos ya que nuestra actitud ante la vida es determinante para nosotros. Y una actitud emprendedora, creativa, más auténtica, más positiva y equilibrada, más amorosa y respetuosa, nos llevará a una cuarta revolución industrial, sin duda, más plena y beneficiosa para nuestra especie.

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