Año astrológico 2020

La conjunción Saturno-Plutón ayuda derribando estructuras y formas viejas para permitir la encarnación de lo nuevo

Patricia Fernández Ordóñez
Psicóloga y Máster en Psicología Junguiana

El nuevo año promete convertirse en uno para ser recordado, por estimular fuertes cambios estructurales.

El 2020 girará en base a tres eventos astrológicos principales, de los cuales dos ya iniciaron en el 2919:

  • Stellium (agrupación de 4 o más planetas) en Capricornio: reforzado por la cercanía con el solsticio (21/12) y el eclipse solar (26/12).
  • Conjunción (partil): Saturno – Plutón.
  • Conjunción: Júpiter, Saturno, Plutón (ya promediando el 2020).

Como el tema da para mucho, nos circunscribiremos a la conjunción Saturno – Plutón, la cual ayuda derribando estructuras y formas viejas para permitir la encarnación de lo nuevo, empezando en niveles nacionales, institucionales hasta llegar a los anímicos individuales. Un recorrido histórico de este aspecto evidencia que cada vez que se hizo una de estas conjunciones hubo reconfiguraciones del poder de modo intenso, terminal y decisivo. Habremos de estar atentos a los procesos mundiales en este sentido, y también en lo vincular en general, pues este ‘Cielo’ no expresa elasticidad anímica, sino más bien ‘edicto’: ‘cambiamos o cambiamos’.

En qué casa de nuestra carta natal caen el stellium y las conjunciones?

En la dimensión individual, cada uno tendrá que observarlo en las casas natales en que ocurre este aspecto, en las cuales marcará la necesidad de una decisión vital que modificará la estructura y la circulación libidinal. Hay necesidad de reciclar, de renovar. ¿Colapso o restructuración creativa? ¿Las estructuras (Saturno) mostrarán elasticidad para soltar (Plutón) modos antiguos, dando lugar a lo nuevo que viene abriéndose camino desde planos amorfos?

En casa 1: Circunstancias que impactan en la vida individual imponen cambios radicales en la Personalidad. Soltar actitudes y modos de conducirse antiguos para dar lugar a nuevas formas de salida al mundo, las cuales son necesarias en el actual punto de maduración. Este es el desafío a asumir.

En casa 2: Se imponen modificaciones definitivas en el uso y modo de adquisición de nuestros recursos (vitales, psíquicos, económicos), así como un cambio radical en los valores y necesidades más profundas.

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En casa 3: Los cambios radicales señalan el campo de la comunicación y lo vincular, con hermanos, tíos, primos, vecinos, como también en relación al modo de estudiar y asimilar o brindar información. Muerte y nacimiento de un nuevo modo comunicacional.

En casa 4: Situaciones con la familia primaria, o con la casa, determinan la necesidad de tomar decisiones que implican un antes y un después para la persona y la familia. Puede indicar mudanzas físicas y/o anímicas. Construcción y reciclado de casa, y cambios anímicos muy profundos. Aquí hay riesgo de colapso anímico si la estructura psíquica es frágil.

En casa 5: Puede implicar una crisis con eventual estructuración o renovación de la individualidad, la cual viene determinada por temas sentimentales. También puede indicar una crisis creativa. Los hijos atraviesan un período de profundas transformaciones.

En casa 6: Se imponen cambios contundentes en el ámbito laboral y cotidiano. Antiguos modos de organizar nuestra rutina diaria deben ser abandonados. Se reestructura nuestra cotidianeidad de modo definitivo. El cambio también puede iniciarse como consecuencia de algún tema de salud.

En casa 7: Aprender a relacionarnos de modo renovado, soltando modalidades vinculares esclerosadas, será el principal desafío en esta posición. Temas de pareja, de contratos, o de enfrentamiento con terceros, vividos con intensidad terminal, determinan la imperiosa necesidad de reestructurar la propia existencia en esas dimensiones.

En casa 8: Situaciones decisivas en temas de recursos energéticos, vitales o económicos compartidos, sexualidad, o experiencias vinculadas con muertes cercanas, determinarán cambios radicales en estos ámbitos, desafiando nuestra estabilidad anímica.

En casa 9: Aquí la crisis desafiará nuestros sistemas de creencias, mediante el material de estudio o experiencias en viajes que nos movilizan para soltar esquemas antiguos en pos de una renovación de paradigmas organizadores de nuestra percepción de la realidad.

En casa 10: Reestructuración en las metas y en la imagen que proyectamos de nosotros mismos en sociedad. Probablemente lo vivenciemos como una profunda crisis vocacional, ya sea como el final de una importante etapa o nacimiento de otra. Hay que animarse a soltar lo antiguo, de modo que lo que viene abriéndose camino encuentre formatos más apropiados para expresarse.

En casa 11: Posibilidad de construir nuevos espacios de intercambio grupal, siempre que se suelten los antiguos o se reciclen completamente.

En casa 12: En la casa de lo Inconsciente Colectivo, situaciones que parecen ajenas al sujeto, o que se perciben como proviniendo del exterior (recordemos que Jung al Inconsciente Colectivo lo denominaba ‘Inconsciente objetivo’), determinan en él/ella la necesidad de liberarse de estructuras iterativas en niveles múltiples (ideativos, sentimentales, conductuales, laborales, etcétera). Aquí lo ‘colectivo’ aprovecha la dimensión individual para el cierre de procesos vastos de la especie, que involucran antiguas estructuras en todos los niveles: creencias, sistemas conductuales y emocionales.  El ‘Atman’ (Selbst) busca limpiar a fondo.



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