La ciencia del viento y del agua

Feng-Shui, la paciente y minuciosa observación de la naturaleza

Silvia Velando

¿Por qué existen plazas, jardines, viviendas, lugares en concreto en los que nos sentimos muy relajados y otros en los que no estaríamos ni dos minutos? ¿Existe algún motivo por el que diferentes comercios estén a rebosar de gente y otros siempre vacíos o casi sin clientela? Tal vez la respuesta a estos interrogantes la podemos encontrar si nos asomamos a una técnica milenaria practicada con pasión y entusiasmo en gran parte de Asia, aunque también ya bastante introducida en occidente, hablamos de Feng-Shui. ¿Queréis conocerla?

El Feng-Shui se basa en la paciente y minuciosa observación de la naturaleza que los filósofos orientales, particularmente los filósofos chinos, han practicado durante milenios. Para los antiguos sabios chinos, nuestra casa es una segunda piel que nos protege del exterior. Es también un organismo vivo que tiene boca, ojos y órganos internos cuya energía puede bloquearse y provocar todo tipo de problemas y malestar en nuestras vidas, o bien circular con fluidez, en cuyo caso el espacio que nos rodea se convierte en un poderoso imán que atrae hacia nosotros el equilibrio y la armonía.

Para los chinos, todo el universo está intercomunicado y relacionado, no hay ningún objeto, seres vivos, pensamientos y sentimientos que existan aislados del resto. La relación que se forma entre nosotros y todo aquello que nos rodea es extremadamente sólida. El entorno en que vivimos ejerce una gran influencia en nuestras vidas.

Marta Povo, autora del libro, “Armonía y hábitat”, cree que si las formas, los colores, los espacios y los ambientes que el hombre y la mujer construyen para vivir no están en sintonía con la naturaleza y sus ciclos, estos lugares crean el caldo de cultivo ideal para que aparezca la enfermedad.

Los emperadores de las distintas dinastías chinas hicieron construir inmensas tumbas según los principios del Feng-Shui a fin de ejercer una influencia positiva sobre su destino y el de su descendencia. Arquitectos de los grandes monumentos chinos, como la Ciudad Prohibida de Pekín o la Gran Muralla respetaron al detalle los criterios del Feng-Shui.

Este saber ancestral no es patrimonio exclusivo de la cultura china. Gran parte de los métodos del Feng-Shui se conocía también en diversas regiones del planeta. Todos los pueblos, todas las culturas previas a la invención de la escritura, conocían las leyes de la circulación de la energía en la naturaleza y tenían en cuenta estos principios. Este saber procede de lo que se conoce como geomancia. En cierto modo el Feng-Shui es una forma de geomancia.

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Los pueblos primitivos conocían estos principios tanto como los grandes arquitectos egipcios y griegos de la antigüedad; incluso en Europa la conciencia de la importancia del entorno era algo muy arraigado, basta recordar en las costumbres de los celtas y los germanos a la hora de escoger un lugar idóneo para la construcción y celebración de sus rituales.

Más próximo en el tiempo encontramos los gremios y cofradías medievales que utilizaron estos mismos conocimientos para construir iglesias, catedrales, claustros y fortalezas.

Bien es cierto que Japón, Corea, Filipinas, India y Malasia tienen su propia versión del Feng-Shui; la corriente china es la que desembocaría en EE.UU., Canadá, Australia y, muy especialmente, Europa.

En el mundo occidental los primeros en aplicar este arte fueron las grandes multinacionales, las aseguradoras y los bancos. Sin embargo, como norma general, lo hicieron muy discretamente para superar a sus competidores y no ganarse la reputación de recurrir a métodos poco “ortodoxos”. Todas estas empresas querían mejorar el ambiente de trabajo en sus edificios y beneficiarse de las mejoras aportadas por el Feng-Shui.

Uno de los factores más importantes para conseguir que una casa tenga armonía es que circule bien la energía: “el qi“. Este concepto no se refiere a la corriente eléctrica, sino a una fuerza universal que mueve el mundo. Esta energía recibía ya antiguamente el nombre de prana en la India, ki en Japón y chi en China. Se trata de una sustancia sutil que forma el cosmos y que circula dentro de nosotros. Al respirar y comer, absorbemos el chi en movimiento. Esta corriente universal guía también el desarrollo de nuestra alma y de nuestro espíritu.

Toda sustancia fundamental, toda materia “muerta” y todos los cuerpos vivos son guiados por esta fuerza. En la naturaleza existen únicamente movimientos fluidos, las líneas rectas son poco naturales y la experiencia demuestra que allí donde han sido creadas artificialmente por la mano del hombre, aparecen energías nocivas.

El shar chi –o energía negativa– se manifiesta en las canalizaciones, canales, calles, vías férreas, puentes y al final de callejones sin salida. En el interior de las casas aparece en pasillos largos o cuando una escalera o una ventana está frente a una puerta. En todos estos lugares, la energía, como en una autopista, circula a una velocidad excesiva y produce efectos devastadores. Nadie debería dormir o trabajar frente a la puerta de una estancia situada al final de un largo corredor. Las estancias grandes impiden que la energía yin (representada por todo aquello que es pasivo, frío, reservado, húmedo, oscuro; la energía femenina) tenga la oportunidad de alimentar la habitación. Para armonizarla se han de introducir formas y objetos del tipo yin, como colores no demasiado claros y brillantes; tonos azules, lilas y verdes, y líneas curvas y horizontales en los cuadros y los muebles. En cambio, los lugares pequeños se han de armonizar aportando elementos yang (representados por todo aquello que es activo, caliente, expansivo, seco y luminoso; la energía masculina), con colores luminosos, cálidos y diseños rectilíneos y verticales.

Es importante que las puertas estén libres de cualquier impedimento. No deberían tener nada ni delante ni detrás. Si delante de una puerta hay una pared a menos de dos metros de distancia, lo más conveniente sería poner un espejo o la imagen grande de un paisaje abierto que diera la sensación de amplitud.

Los trasteros y garajes se aconseja que estén fuera de la casa. Si no es posible, entonces deberemos limpiar, decorar y ordenarlos como si fueran espacios importantes de la casa, porque el desorden y la suciedad contribuyen a crear desorden y caos en la psiquis de las personas.

Otro elemento distorsionador del espacio son las escaleras. La continuidad de los escalones hace circular muy rápido la energía. No debería haber ninguna mesa ni un lugar de descanso delante de una escalera ni arriba ni abajo. Existen métodos correctores como colgar un cristal de cuarzo encima de los primeros escalones. Si le toca un poco el sol, la esfera atrapará el qi.

Cómo corregir las energías negativas

Espejos: son duplicadores o multiplicadores de la energía. Tienen un gran poder energético porque doblan y prolongan un espacio por tanto aumentan aquello que reflejan. No se deben colocar al final de un pasadizo porque al doblar la longitud crean un qi (circulación de energía) más rápido y estresante. No son adecuados para un dormitorio porque activan la energía del lugar y reflejan el movimiento que se produce. Pueden crear insomnio si reflejan la cama y las personas que descansan. Los espejos divididos son poco recomendables, ya que envían una imagen fraccionada y sin que nos demos cuenta, ejercen una influencia negativa en la imagen que tenemos de nosotros mismos y de su equilibrio.

Esferas de cristal: constituyen un elemento de armonización clásico del Feng-Shui. Colocadas cerca de una ventana o en el centro de una sala donde toque luz directamente ayudan a reforzar energéticamente el lugar.
Las esferas talladas de cuarzo si su talla es perfecta y geométrica tienen una función interesante: reflejan la luz y los siete colores descompuestos por cada prisma en todas las direcciones, creando una gran belleza al lugar y contribuyen a que el ambiente tenga unas vibraciones muy expansivas. Son muy benéficas, pues neutralizan la energía depresiva del lugar.

Móviles: pueden ser de diferentes estilos y colores, pero en general son interesantes los móviles sonoros como campanillas o tubos de bambú y los móviles tibetanos hechos con tubos metálicos y de madera. Las notas que emiten al viento, si están estratégicamente situados, son beneficiosas para el equilibrio psíquico. Los móviles que generalmente se ponen cerca de las ventanas y puertas, hacen que la energía circule por la estancia de forma más lenta. Esto aporta calma y serenidad a las personas que viven en la casa.

Plantas: las plantas simbolizan la vitalidad de la naturaleza, y éstas -si están sanas- aumentan el chi en el interior de una vivienda, tanto como en un jardín de vegetación variada. En el interior las plantas pueden estimular aquellos rincones más sombríos y neutralizar los ángulos agudos. Situadas cerca de las ventanas, las plantas contribuyen a evitar un desperdicio de energía. Las de hojas puntiagudas o con espinas como yucas o cactus no deberían situarse cerca de asientos o espacios que se utilicen con frecuencia.

silviavelando.com



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Stanislav Kondratiev
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