Las voces del cuerpo

Los síntomas pueden convertirse en guías de la sanación


Estela Vassallo Pasqua
.
Terapeuta Gestalt

Hace unos cuantos años “La enfermedad como camino” llegó a mis manos. Un libro pequeño escrito por un médico y un psicólogo que, ya en el prólogo, se clasifica como un libro “incómodo”, porque arrebata al ser humano el recurso de utilizar la enfermedad a modo de coartada para rehuir de temas pendientes. (¡Guau! Duro, ¿no?)

Me pregunté: ¿quién puede elegir recorrer su camino de vida enfermándose? Hay caminos más bonitos, más fáciles o menos dolorosos que sufrir una enfermedad. Sin embargo observo que cada vez hay más y más enfermedad (cáncer, sida, infinidades de autoinmunes…).

No puedo dejar de plantearme qué estamos haciendo los seres humanos para destruirnos cada vez con mayor virulencia. Podríamos pensar en muchos factores que afectan la salud. La alimentación, por ejemplo. Tantos transgénicos, acidulantes, conservantes, estabilizadores del sabor y otros químicos agregados a los alimentos industrializados. Los problemas ambientales, con la contaminación, polución, radiación y unos cuantos etcéteras… No sabemos a largo plazo qué consecuencias pueden provocar en nuestras células. (¿O sí?)

Un ejemplo del libro citado me hizo pensar. Si a nuestro coche se le enciende un indicador luminoso en medio de un viaje, seguro que no hacemos caso omiso a dicha señal, por más que nos moleste, paramos. Sabemos que sería una tontería enfadarse con la luz encendida, al fin y al cabo, nos está avisando de un desperfecto que se encuentra en una zona del coche “inaccesible” para nosotros. Así llamamos al mecánico para que arregle lo que haya que arreglar, que esa lucecita se apague y podamos seguir nuestro viaje. Si el mecánico se limitara a quitar la bombilla de la señal seguro nos indignaríamos. La luz ya no está encendida, era lo que queríamos, aunque la avería no se ha solucionado. Lo procedente sería apartar la mirada de la señal y dirigirla a zonas más profundas, dentro del coche, para ver qué es lo que no funciona. La luz solo quiere avisarnos.

En nuestro cuerpo un síntoma es una señal luminosa que nos avisa de una anomalía. Sin embargo nos enfadamos con la luz encendida y no nos parece una tontería. Tratamos de suprimirlo lo antes posible, para impedir que siga manifestándose (quitamos la bombilla) y no nos indignamos con el médico, más bien todo lo contrario. Y en lugar de eliminar el síntoma lo pertinente sería descubrir su causa, apartar la mirada de él y buscar más allá. Entonces el síntoma puede convertirse en un aliado, un maestro que nos ayuda a atender aquellas áreas de nuestra vida que no les estamos prestando atención, que hemos dejado de lado o no están funcionando. Nos guía a encontrar el camino hacia nuestra sanación.

Obviamente no estoy en contra de la medicina. Al contrario. Estoy convencida de que la medicina tal como hoy la conocemos pronto dará un giro. Dejaremos de ser solo dos riñones, un corazón, un estómago, dos pulmones…. y comenzaremos a ser considerados seres integrales, con un cuerpo entero, en un entorno familiar, social, cultural, con emociones, psiquis y conciencia. No se nos puede “estudiar” y “analizar” compartimentados, sin tener en cuenta todos los factores que afectan holísticamente. Conozco muchos médicos que están trabajando en esta línea.

- Anuncio -

¡Qué gran oportunidad! Dejaremos de llamarnos “pacientes” para responsabilizarnos de nuestra salud, formando parte activa de nuestra propia sanación.
Al fin de cuentas nuestro aprendizaje es responsabilidad de cada uno de nosotros.

La doctora Northrup, ginecóloga, escribe: “Un elemento esencial de esta experiencia de aprendizaje es liberarse del sentimiento de culpabilidad. No sirve de nada aferrarse a la idea de que tenemos un determinado trastorno físico porque hemos hecho o estamos haciendo algo mal. Si hubiéramos sabido antes sobre qué situación quiere llamarnos la atención nuestro trastorno, éste no habría tenido que manifestarse. Y, en realidad, todos los trastornos físicos tienen componentes genéticos, dietéticos, ambientales y emocionales al mismo tiempo”.

El cuerpo es sabio. Confiemos en su sabiduría. Empecemos a prestar atención a sus mensajes.

Aprendamos a escucharlo. Nos habla a través de muchas vías: molestias, contracturas, dolores, sensaciones, emociones y cualquier otra manifestación o síntoma. No anulemos su expresión.

La terapeuta gestáltica chilena Adriana Schnake en uno de sus libros dice: “Cuando damos voz al síntoma, la mayoría de las veces la relación que podemos descubrir nos sorprende y podemos decir que no se nos haga fácil aceptarla. Sin embargo lo que no dudamos es que ese “otro” (el síntoma o el órgano afectado) que nos habló y que es una parte nuestra, tiene una estructura, una forma y una función que no podemos cambiar según nuestros deseos y tampoco nos es fácil aceptar que sí es una parte mía y nació conmigo: aunque esa característica no me guste, algo de eso tengo que tener.”

Toma las riendas de tu vida, conócete y conoce lo que tu cuerpo te dice. Puedes hacerlo.

[email protected]



Lo más destacado

Stanislav Kondratiev
de Unsplash