Psicoterapia corporal

Albert Pesso cuenta aspectos esenciales de un trabajo con cuarenta años de experiencia

Aurelio Álvarez Cortez

Albert Pesso es uno de los padres de la psicoterapia corporal contemporánea, creador de la Terapia de Psicomotricidad, hoy más conocida como Método PBSP. Se considera a esta terapia capaz de crear, sin cancelar los sucesos de la vida de las personas, una memoria supletoria a partir de la información dada por el cliente en varios niveles (cognitivo, afectivo, subconsciente, corporal, etcétera). Con la memoria supletoria colocada en el contexto adecuado, restituye a la persona valor y significado de los eventos pasados de su vida creando una sensación de bienestar. En su base tiene elementos de la terapia sistémica, psicoanálisis, psicoterapia corporal y conocimientos aplicados de las neurociencias. Próximamente saldrá su libro titulado “Terapia Pesso Boyden. Parar lograr una vida llena de placer, satisfacción, significado y conexión”. Pesso estuvo en Barcelona junto a su mujer, Diane Boyden (cocreadora del método) para dictar una conferencia y posteriormente un taller, ocasión en que TÚ MISMO pudo mantener con él un diálogo del que compartimos sus principales momentos.

-Brevemente, ¿cómo definiría la terapia que ha creado?

-Nos da una manera de atender las necesidades universales que nos ayudarán a ser seres humanos, y si no tenemos esa oportunidad en el pasado, resulta ser como la manera de crear un espacio ritual donde los pacientes pueden experimentar en el presente con figuras que actúan el rol que los hubiera favorecido, satisfecho, con aquello que necesitaban en ese momento, en el pasado. Entonces puede experimentarse como si fueran niños nuevamente y obtener esa experiencia que hubiesen tenido en la niñez.

-¿Es una terapia breve o requiere tiempo?

-He tratado personas una, dos, tres veces, y han hecho cambios profundos en alguna parte de sus vidas. También he tratado otras a las cuales he visto, de manera continua, durante seis meses o un año. Y un grupo de terapeutas viene a mí para poner al día sus conocimientos, durante un periodo de tres años, a los que veo crecer, expandirse, y no porque estén enfermos o necesiten sanación, sino para experimentarse más plenos como personas. Este proceso puede seguir adelante toda la vida.

-En su trabajo señala la existencia de un camino, una autopista, de dos direcciones, de cómo fluye aquello que viene del exterior hacia el mundo interno del hombre, y viceversa.

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-Sí, en esa autopista interior estamos a la expectativa de que habrá una respuesta a nuestras necesidades de crecimiento y maduración.

-Sobre esta estructura usted ha hecho investigaciones para analizar, en definitiva, la condición humana, tanto a partir del movimiento corporal como también de los sentimientos. ¿Me permitiría decir una frase como ésta: “siento, luego existo”?

-Es un contraste interesante con la visión cartesiana, de aquello de “pienso, luego existo”. De alguna manera esa visión cartesiana se aleja de los sentimientos, y por eso lo que usted dice es interesante. En nuestro trabajo expresamos que el sentimiento es la base para la vida, no sólo el pensamiento. Por lo tanto podríamos decir “yo siento y por eso sé cómo soy”.

-¿Qué tipo de movimiento describe, tal vez como ningún otro, la forma en que sentimos?

-En mi manera de ver las cosas, lo llamo “movimiento emocional”. En mis escritos hablo de tres movimientos motores: el reflexivo o reflejo, el voluntario y el emocional. Tenemos movimiento emocional para responder a un trauma o para responder a una pérdida; también habrá un movimiento de desesperación, o de llanto, o de miedo. El movimiento emocional por sí mismo no es la respuesta, pero sí una expresión de cómo estamos en ese momento. Cuando sentimos una necesidad, tenemos un movimiento emocional hacia las personas que pueden satisfacerla. Y cuando estas personas satisfacen nuestras necesidades, se produce un movimiento de alegría y gratitud.

-Acerca del título de su libro, ¿todos los humanos comprendemos del mismo modo qué es el placer, satisfacción, significado y conexión, o hay matices, incluso culturales?

-Creo que sí, comprendemos de la misma forma porque es algo innato y genético, esa información se encuentra depositada en nuestros genes. En éstos existe un anhelo por estar en conexión con otros, para añadir algo de nosotros al mundo, y cuando tenemos una vida de conexión con todas las necesidades básicas, experimentamos la felicidad de hacer nuestro trabajo en el mundo.

-Me refería a esos matices culturales pensando en la forma en que siente y expresa un japonés, por ejemplo, con respecto a un español.

-Por supuesto, nuestra cultura influye en la manera en cómo actuamos en el mundo, no hay duda sobre eso. Pero junto con las variantes culturales hay constancias universales sobre la existencia. Los japoneses, es verdad, poseen la característica cultural de ser más controlados, esconden sus sentimientos, y los españoles expresan más abiertamente sus sentimientos, en un modo muy diferente a lo que hacen los japoneses. Pero por debajo de eso hay una constante: todos tenemos necesidad de una madre, de un padre, que deben satisfacer unos requerimientos básicos. Me gusta pensar en unas normas universales más que en variantes culturales. He hecho mi trabajo en muchos países y, por ejemplo, soy muy consciente de cómo es para los escandinavos y qué distinto es para los latinoamericanos. Sin embargo, estoy sorprendido por la universalidad que existe en el fondo, para todos los seres humanos.

-Según su experiencia, ¿la conciencia está en el cuerpo o lo trasciende?

-Parece que toca la escisión del cuerpo y el espíritu. Creo que la materia es algo espiritual también. Todas las respuestas profundas también podemos encontrarlas en lo material, no pienso en términos no físicos. Por ejemplo, las emociones son emanadas de nuestras neuronas, de nuestro físico.

-¿Qué proyectos tiene?

-Yo creo en un trabajo continuado de exploración, de comprender de manera total cómo nuestra conciencia se forma. Experimento en una especie de laboratorio cuando estoy en el contexto de la terapia, nunca pienso que tengo la última palabra, la solución final a un problema. Mi propósito es que todos estos aprendizajes se vean más claros, más precisos y avanzados. Como todo en la vida, este es un trabajo incesante que nunca termina.

pbsp.com



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