El sueño lo cura todo

Priorizar el descanso se ha convertido en una auténtica revolución. Como dice la psicóloga Roser Gort, “es ir en contra de lo que el sistema espera de nosotros”

Aurelio Álvarez Cortez

Roser Gort, psicóloga, divulgadora científica y autora del libro “El sueño lo cura todo”, publicado por la editorial Bruguera, dice que “parar, renunciar a la hiperproductividad y priorizar el descanso se ha convertido en una auténtica revolución: es ir en contra de lo que el sistema espera de nosotros”.
A lo largo del siguiente diálogo con Tú Mismo, Gort destaca la importancia fundamental del descanso como pilar biológico, emocional y psicológico en nuestras vidas. Lejos de ser un simple trámite al final de la jornada o una recompensa tras el esfuerzo productivo, el sueño se revela aquí como el verdadero punto de partida del ciclo vital y como un acto de libertad y de radical rebeldía en una sociedad hiperactivada.
A través de sus vivencias personales en Noruega, reflexiones sobre los estilos de apego, la influencia de las emociones diurnas en la noche, la nutrición, la microbiota y la arquitectura del cerebro, invita a desmontar mitos y a reconectar con lo más primitivo y humano para aprender a sanar desde el descanso.

-“El sueño lo cura todo” es un título atrevido. Y además sostienes que decidir dormir bien se ha convertido hoy en un acto de libertad y de radical rebeldía. ¿Qué buscas transmitir con esta idea?

-Vivimos en una sociedad donde el concepto de éxito se asocia constantemente a la productividad, al rendimiento y a no renunciar a nada. Nos exigimos rendir en el trabajo, en el deporte, en las relaciones sociales y en el ocio, manteniendo nuestro sistema de alerta y activación encendido todo el día. Vamos con prisas a todas partes, aprovechamos cada minuto y llenamos cualquier pausa consultando el móvil o consumiendo información.
Ese ritmo frenético nos agota, pero al mismo tiempo nos impide dormir. Por eso, parar, renunciar a esa hiperproductividad y priorizar el descanso se ha convertido en una auténtica revolución: es ir en contra de lo que el sistema espera de nosotros.

Priorizar el descanso se ha convertido en una auténtica revolución.

-Tu libro comienza recordando una experiencia personal en Noruega, en la isla de Tromsø, dentro del Círculo Polar Ártico. ¿Cómo transformó esa vivencia de la luz eterna y la noche polar tu forma de entender el equilibrio biológico humano?

-Fue un cambio muy impactante. Pasar de un pueblo pequeño a una isla en el norte de Noruega, donde en verano hay sol las 24 horas y en invierno domina la noche polar, te desencaja. Allí la universidad nos enseñó que, cuando el entorno exterior es impredecible para la biología, la rutina lo es todo.
Durante la época de oscuridad, por ejemplo, las cafeterías ofrecían comida gratis entre las 8 y las 10 de la mañana con la condición de consumirla en mesas equipadas con paneles de luz especial que actuaban como sincronizadores circadianos, simulando el sol. Esa vivencia me hizo comprender lo frágil y necesario que es nuestro equilibrio biológico y la importancia de darle al cuerpo las señales adecuadas para funcionar.

-A menudo confundimos estar cansados con tener sueño. ¿Cuál es exactamente la diferencia entre ambas sensaciones?

-Es uno de los grandes problemas del insomnio. Estar cansado es sentir falta de energía, fatiga física, falta de concentración o fatiga emocional tras el día. Sin embargo, tener sueño es una función fisiológica distinta: requiere que los niveles de estrés y la frecuencia cardíaca estén bajos, que la temperatura corporal baje y que el cuerpo se sienta completamente a salvo.
Puedes llegar a la noche profundamente cansado, pero si tu sistema nervioso sigue en estado de amenaza o tensión, no podrás conciliar el sueño.

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-Planteas que el sueño no es el final del día, sino el verdadero principio de todo el ciclo biológico. ¿Por qué debemos cambiar esa perspectiva habitual?

-Solemos ver el día como un recorrido lineal que termina cuando nos acostamos, pero es justo al revés. Un viaje en coche no empieza cuando se acaba la gasolina, sino cuando llenas el depósito. La memoria, la regulación emocional, el estado de ánimo, la energía física y hasta la toma de decisiones del día siguiente están condicionados por la cantidad y la calidad del sueño que hemos tenido la noche anterior.
Por lo tanto, el sueño es el motor que determina cómo vamos a poder vivir nuestra jornada.

Portada de “El sueño lo cura todo”.

-Afirmas que el insomnio no suele hablar de lo que ocurre por la noche, sino de los vínculos y vivencias del día. ¿Cómo influyen nuestras relaciones en el descanso?

-Cuando se descartan causas orgánicas como apneas o ronquidos y el cerebro demuestra que tiene la capacidad biológica de dormir, el insomnio es un reflejo directo de nuestro día. Habla de las preocupaciones que nos llevamos a la cama, las discusiones no resueltas, las expectativas incumplidas, lo que no nos atrevimos a decir o las tensiones acumuladas.
Si vivimos en un estado constante de insatisfacción o alerta diurna, esa tensión nos acompaña a la cama y bloquea la capacidad de soltar el control para dormir.

-¿Hasta qué punto el miedo a decepcionar o el deseo de complacer a los demás se traduce en tensión física y falta de sueño?

-Muchas veces tomamos decisiones vitales —qué estudiar, dónde vivir o en qué trabajar— no en función de lo que necesitamos, sino para complacer a nuestros padres, parejas o amigos. Mantener ese esfuerzo constante por no defraudar o por encajar genera una rigidez muscular y una activación del sistema nervioso simpático que se mantiene durante las 24 horas. Esa tensión mental y física no desaparece al apagar la luz.

-¿De qué manera influyen los estilos de apego, como el apego ansioso, en los problemas de descanso?

-El apego ansioso se activa cuando sentimos una necesidad constante de buscar amor y validación por miedo al abandono o al rechazo, percibiendo que nunca somos suficientes. Ese estado de hipervigilancia emocional hace que la persona interprete pequeños detalles cotidianos como amenazas a sus vínculos. Biológicamente, esto desencadena emociones negativas y niveles de alerta que dificultan la desconexión necesaria para el sueño.

-¿Puede la falta de sueño convertirse en un factor desencadenante de conflictos en la pareja?

-Absolutamente. Tras varias noches durmiendo mal, la capacidad de autorregulación emocional disminuye, aumenta la irritabilidad y se reduce la paciencia. La misma frase de una pareja puede interpretarse como una petición afectiva si hemos dormido bien, o como un ataque injusto si estamos privados de sueño. Muchas discusiones de pareja no son problemas de relación reales, sino el resultado de un cerebro agotado emocionalmente por la falta de descanso.

-Solemos interpretar el descanso como una recompensa que debemos ganarnos trabajando duro. ¿Por qué recalcas que es un derecho biológico incondicional?

-Es un error grave ver el descanso como un premio tras rendir. El sueño no se gana; es una necesidad biológica incondicional. Un deportista no come como premio por entrenar, sino para tener la energía de poder entrenar bien. Con el sueño ocurre lo mismo: es el motor que nos permite rendir, disfrutar de nuestras relaciones, tomar buenas decisiones y cuidar nuestra salud.

-En el libro dedicas un espacio relevante a la alimentación. ¿Cómo afecta una mala noche a lo que elegimos poner en el plato al día siguiente?

-Cuando dormimos mal, el cerebro privado de sueño busca gratificación inmediata y se vuelve más impulsivo. Por eso, el organismo tiende a pedir alimentos más calóricos, grasos y ultraprocesados. Además, se alteran hormonas clave como la grelina (que estimula el apetito) y la leptina (que señala la saciedad), llevándonos a comer por cansancio o impulsividad lo que en realidad es “sueño disfrazado”.

Necesitamos carbohidratos de calidad en la cena, como patata, boniato o cereales integrales, acompañados de verduras y proteínas magras.

-Existe el mito extendido de que no se deben cenar hidratos de carbono. ¿Qué hay de cierto en esto?

-Es rotundamente falso. Durante la noche, el cerebro consume una cantidad enorme de energía para realizar tareas de reparación y consolidación. Necesitamos carbohidratos de calidad en la cena, como patata, boniato o cereales integrales, acompañados de verduras y proteínas magras. Lo importante es evitar cenas excesivamente pesadas que concentren la sangre en el estómago dificultando la temperatura corporal, o alimentos estimulantes como el chocolate negro antes de acostarnos.

-¿Qué relación existe entre el descanso y la salud de la microbiota intestinal?

Durante las fases del sueño se produce la regeneración de los tejidos del cuerpo y la regulación celular. La microbiota intestinal, que desempeña un papel decisivo en el sistema inmunitario y en la producción de neurotransmisores, depende directamente de esta fase de reparación. Un descanso fragmentado o insuficiente altera el equilibrio de estas poblaciones bacterianas, afectando a la digestión y a la salud general.

-Muchas personas recurren a fármacos para dormir. ¿Qué diferencia hay entre la sedación farmacológica y el sueño natural?

-Un sueño natural de calidad sigue una arquitectura muy precisa con ciclos que alternan fase ligera, fase profunda y fase REM, fundamentales para la reparación física, cognitiva y emocional. Los fármacos sedantes consiguen desactivar la conciencia, pero no reproducen esta arquitectura natural del sueño; generan un estado de sedación donde no se alcanzan las mismas profundidades ni los beneficios restauradores del descanso fisiológico.

-Propones un ejercicio muy práctico para despejar la mente antes de acostarse: escribir y tachar. ¿En qué consiste?

-Nuestra memoria de trabajo tiene una capacidad limitada y tiende a mantener activas las tareas pendientes o preocupaciones para no olvidarlas. Si intentamos retener esa información en la cabeza al meternos en la cama, el cerebro se mantendrá en alerta. Escribir en un papel lo que nos preocupa o lo que tenemos que hacer al día siguiente y tacharlo le indica al cerebro que la información está a salvo fuera de la mente, permitiéndole liberar esa carga cognitiva.

-Alertas sobre el peligro del “reduccionismo biológico” al tratar los problemas del sueño. ¿A qué te refieres?

-El reduccionismo biológico consiste en explicar problemas complejos únicamente a través de neurotransmisores o química cerebral, pensando que todo se resuelve con una pastilla que ajuste la serotonina o la dopamina.
Si una persona no duerme porque tiene dificultades económicas, familiares o laborales, el problema no es una falta de química, sino un contexto vital que le genera malestar. La salud mental y el descanso deben abordarse desde una visión integral que contemple la vida de la persona.

-Para concluir, ¿cuál es el primer paso compasivo que debemos dar para enseñarle a nuestro cuerpo a volver a descansar?

-Recordar que, en el fondo, nuestro cuerpo sigue siendo un ser biológico y animal. Un organismo al que no le da la luz del sol durante el día, que no se mueve, que no se relaciona con seres queridos y que vive encerrado entre paredes no puede estar sano. Antes de recurrir a soluciones complejas o suplementos, debemos volver a lo básico y gratuito: tomar la luz del sol matutina, movernos, cuidar nuestros vínculos cotidianos y recuperar ritmos de vida más humanos y sencillos.

🠋 Aquí puedes ver la charla completa en nuestro canal de Youtube.



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Stanislav Kondratiev
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