Emi Zanón
Escritora y comunicadora
“El día en que tu intimidad deje de ser tuya habrás perdido tu libertad”.
Gabriel García Márquez
Cada vez existe más consciencia de las consecuencias que la alienación contemporánea y la sobreexposición en redes provoca. Y de ello se habla a menudo (en esta misma columna de opinión abordamos el tema en 2023).
A pesar de ello, de ser más autoconscientes, cada vez se pierde más el espacio sagrado de la intimidad, y ello es extensible al terreno literario, donde voy a enfocarme esta vez.
No pretendo hacer un juicio de valor. Este artículo tiene tan solo la finalidad de invitar a la reflexión.
El espacio sagrado de la intimidad es un refugio esencial para el autodescubrimiento, la paz mental y la conexión profunda con el Yo, y de ahí con los demás. A lo largo de la historia, escritores, filósofos y psicólogos han reflexionado sobre la importancia de proteger este territorio personal.
No todo lo que se vive necesita ser expuesto. Existe una dignidad en mantener ciertas vivencias en el ámbito privado, lejos del juicio de miles de desconocidos. Pero esa dignidad está amparada principalmente por el valor del pudor. Un valor que se está perdiendo al igual que se han perdido en gran medida otros valores como el de la cortesía.
Según los expertos, el verdadero talento literario consiste en transformar la experiencia personal en metáfora. Es decir, utilizar el sentimiento personal de amor/desamor, por poner un ejemplo, para crear personajes y situaciones completamente ficticias. Se logra así la misma carga emocional sin necesidad de dar a conocer personas reales o llegar al egocentrismo e incluso al voyerismo patético, pues la autoficción radical raya en ello. Y añadiríamos también, la imposibilidad de defensa de la persona o personas objeto, quedando bajo la mirada del autor, a veces distorsionada.
Una de las razones más importantes para el auge de lo que se llama “literatura de autoficción radical”, donde el autor se expone y expone a otros sin límites, es la relación con el mercado editorial.
El mercantilismo actual fomenta este género porque la intimidad cruda y el morbo venden. El dinero apaga el pudor, la decencia, la parcelación entre lo público y lo privado, en definitiva, la intimidad.

Ha habido autores transgresores y pioneros del exceso, con exposición total del entorno narrando sin tapujos y con minuciosidad su vida, familia y amigos, desatando a veces un debate internacional sobre los límites éticos de invadir la vida de las personas para hacer literatura, si realmente lo es.
Un caso muy conocido es el del autor noruego Karl Ove Knausgàrd. No mencionaré más autores de habla hispana y otras lenguas por respeto. Al fin de cuentas, cada uno es responsable de su vida y puede hacer con ella lo que quiera. Sí que recordaré, sin embargo, las palabras del consultor Edward Snowden quien trabajó para el gobierno americano y ahora para el público: “La privacidad no es una opción, es la premisa básica de la dignidad humana”.
La privacidad, como la intimidad, es un derecho fundamental, reconocido internacionalmente, como una parte esencial de la dignidad humana y la libertad individual. Liberarnos de artificios y buscar nuestra esencia, potenciando así la autoestima, nos liberará de esa necesidad de exponerse para buscar la aprobación de los demás. ¡Nos hará más libres!
¡Feliz noviembre!


