Nueva espiritualidad

Desde las ciencias sociales, la investigadora valenciana María Albert estudia lo que denomina "nuevas formas espirituales", que abarcan las terapias no convencionales, el chamanismo o el yoga. "Han venido para quedarse", afirma. Y asegura que conllevan un cambio cultural y de valores de gran calado

Quién es

Nacida en Picassent (Valencia), Maria Albert Rodrigo es profesora de la Universidad de Valencia. Ha dedicado buena parte de su vida profesional a la investigación social en ámbitos diversos: movimientos sociales, asociacionismo, inmigración, política cultural; en los últimos años su campo de investigación ha virado hacia las nuevas formas de espiritualidad que se están desarrollando en Occidente.
Contacto: Maria.Albert@uv.es

Aurelio Álvarez Cortez

-Maria, ¿cómo has llegado a investigar temas como terapias no convencionales, el mundo del yoga, chamanismo?

-Pertenezco al ámbito de las ciencias sociales, como son la sociología y la antropología, y desde ahí participo en investigaciones diversas. Lo hago con esa mirada y perspectiva social. Desde 2011 empecé a interesarme por lo que podemos llamar nuevas formas espirituales, desde un enfoque personal. Veía en ellas un fenómeno creciente, con centros de yoga en todas partes, cada vez más y más, también personas conocidas que iban a un homeópata, tomaban flores de Bach, practicaban taichí… Personalmente me interesó. Como ejemplo, a mi hija con catarro, en vez de darle un antibiótico, probaba con un jarabe de hierbas naturales, y al ser una apasionada de las plantas, la jardinería, empecé a estudiar sus propiedades, como aficionada, porque me gusta.

-¿Algo en particular llamó tu atención?

-No, no hubo ninguna cuestión específica. Sin darme cuenta, fui adentrándome, conociendo poco a poco. Coincidió también que tenía un compañero en la universidad, quien me comentaba que había ido a un terapeuta. El caso es que fui terminando las investigaciones y proyectos en los que estaba y me dije que aquí había todo un campo sin investigar. Así comencé a buscar y para mi sorpresa en España encontré muy poca cosa, por no decir nada.

-Quizá porque era un tema tabú.

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-Desde la antropología concretamente no pienso que sea un tema tabú. Otra cuestión es la dificultad de que se financien proyectos, por lo cual de alguna forma se hace difícil trabajar. Pero estos años que estamos hablando han sido de una crisis general, un momento en que los recortes presupuestarios han influido y no ha habido interés por estudiar estos temas.

-¿Por dónde empezaste?

-Fui muy práctica y dado que primero no tenía recursos, me dediqué a investigar mi propia ciudad, lo que tengo más a mano, que es Valencia para ver cuáles son esas nuevas formas de espiritualidad que se están desarrollando. Y me topé con un amplio espectro, como el mundo de las terapias alternativas, integrativas, holísticas, entre otras disciplinas.

-Concretamente, ¿qué encontraste?

-En el ámbito de las nuevas formas espirituales hallé un cambio de valores, un cambio cultural con muchas consecuencias, de gran calado. También, un movimiento social, con preeminencia del mundo femenino; mujeres más que hombres, y una perspectiva femenina también en los hombres. Me di cuenta de que hay una variedad inmensa, tremenda. En España, esta realidad, además de Valencia, se puede hacer extensiva a otras ciudades, siempre con sus particularidades, como Málaga, Albacete, donde no será muy distinta. En el caso de Madrid o Barcelona, ciudades de magnitud, proporcionalmente ocurrirá lo mismo a mayor escala con sus especificidades.

-¿Otras características que pudiste constatar?

-Existe una diversidad de formas de vivir la espiritualidad, con un espectro que va desde quienes practican yoga o taichí, por ejemplo, porque se relajan, desconectan, se relacionan de diferente modo, más centrados en lo corporal, pero también lo psicológico, como aquellos que van a meditar a un centro budista, sin considerarse budistas, porque les gusta estar en silencio, escuchar temas relacionados con esa filosofía, etcétera. Hasta el grupo de simpatizantes, interesados, que hacen su propio proceso, y abandonarán o seguirán para evolucionar en sus preferencias.

-¿Hay migración de personas que van de un grupo a otro?

-Sí, muchísima, existe una gran dispersión. Las personas van probando y viendo en qué se acoplan más o menos.

-Te refieres a nuevas formas espirituales. ¿Optan por ellas quienes sienten una desafección de las formas tradicionales religiosas?

-Sí, en España, país mayormente católico, venimos de un pasado, de una transición democrática, con ansias de libertad, dejando atrás años de dictadura, de opresión, que identificamos también con la institución religiosa. Pero también el contexto global ha permitido esa llegada de nuevas formas. No quiere decir que haya sido un trasvase total, completo, sino simplemente que han aparecido nuevas formas de vivir la propia espiritualidad, al tiempo que hay una clara desafección de las tradicionales, con un gran desencanto, y esto ha vuelto la mirada de muchas personas, como he dicho, en distintos grados de afición, desde quien trabaja su cuerpo, principalmente, en consonancia con las tendencias sociales de culto al cuerpo, en un contexto donde ello se hace posible, hasta otros que buscan un nivel de un bienestar psicológico, para gestionar la angustia, el estrés…

-¿Cuál es el perfil de quien participa en estas nuevas estructuras?

-Cuando comencé a hacer la inmersión en este terreno, por lo que había leído, tenía la idea de un perfil clásico sociológico: persona de mediana edad, acomodada, de nivel cultural medio alto… La realidad que he ido encontrando es mucho más heterogénea. Para mi sorpresa, hay gente muy joven, de 20, 30 años, que está haciendo formaciones, y además cuantos más jóvenes, más radicales: no empiezan despacio, sino que buscan exigencia. Luego está un amplio espectro predominante de mediana edad, aunque hay de 60 años o más, mayormente mujeres, con un cierto nivel adquisitivo.
Si bien en términos generales hablamos de un nivel adquisitivo medio, como mínimo, cuando bajamos al terreno encontramos gente muy diversa. Hay determinados espacios o centros con precios medios-altos o altos-altos, pero como existen muchos más, también los hay de precios bajos, unos más visibles que otros. La gente se acomoda a lo posible.

-¿Y el flujo de interesados baja, se mantiene o crece?

-A pesar de no haber un trabajo cuantitativo, tengo la impresión de que aumenta el número de personas. Sigue el fenómeno y va a más. Vete a una finca en Valencia y mira si algún vecino que no practique yoga, tome flores de Bach, etcétera. Si preguntamos “¿usted ha ido alguna vez a un centro o ha tomado una sesión de…?”, comprobaremos que el espectro es enorme. Y si medimos que esto ha supuesto un cambio radical en la vida, el porcentaje cambia bastante. Lo significativo es que estas formas se han introducido en la vida social cotidiana y han venido para quedarse.

-Algunos colectivos plantan cara, denuncian y quieren que no sea así, por ejemplo en lo que a terapias se refiere.

-En el mismo sector de las llamadas terapias alternativas algunos quieren reconocimiento y regularización, mientras que otros entienden que es poner puertas al campo y no tiene sentido normalizar. En tanto, parte del colectivo médico claramente no quiere que suceda. Pero es una cuestión de tiempo. Nada es imposible.

-¿Cómo te ha afectado a nivel personal este trabajo profesional?

-He aprendido muchísimo. En la investigación social uno siempre aprende, unas veces más que otras. El trabajo te muestra la sociedad, el fenómeno que estás estudiando, personas, colectivos…Yo sabía muy poco, nada, de este tema. Agradezco que este sea un colectivo con personas absolutamente maravillosas, muy amables. No siempre, investigando, te encuentras con gente tan cariñosa, bondadosa, tan rica.

-Antes has mencionado que ha habido un cambio de valores.

-Estas cosmovisiones transforman la realidad y la vida de estas personas. No gastan el dinero en las mismas cosas, no consumen lo mismo, no invierten su tiempo en las mismas cosas, no ven televisión o lo hacen muy poco, etcétera. Su estilo de vida ha cambiado en un modo muy radical, como también su forma de entenderse como seres humanos y estar en el mundo, cómo se relacionan con los demás, con la naturaleza, el entorno. Cuando dices “todos somos uno”, por ejemplo, no vives un mundo desde una perspectiva individual y competitiva, lo haces de otra manera… porque “todos somos uno”.

-Esta sociedad de consumo tiene fecha de caducidad porque los recursos del planeta son limitados.

-Exacto, estamos en un punto de saturación y agotamiento de esos recursos in extremis. Desde luego, estas nuevas formas de espiritualidad dan una respuesta, un sentido, un modo de entender, una explicación posible que no deja a la gente en un callejón sin salida. Están ofreciendo una posibilidad de seguir viviendo, de lo contrario es el fin.
Yo destaco sobre todo que estas forman dan a las personas herramientas para gestionar su vida diaria a todo nivel, emocional, sentimental, práctico, para así poder estar en un estado de bienestar, armonioso, en paz. Un planteamiento que transforma por completo los cimientos de aquello que nos sostiene hasta hoy como sociedad. Si se alcanzará un número suficiente de personas como para provocar una gran transformación, el tiempo lo dirá. Estas formas han venido para quedarse, de una forma más o menos mayoritaria, más o menos mercantilizada. ¿El sistema con valores materialistas absorbe y fagocita estas nuevas formas espirituales? Es posible, en parte se ha dado y en parte también ha hecho que proliferen y se den a conocer ampliamente. Sí, han sido mercantilizadas y han utilizado los mismos recursos que están en la sociedad, por eso se han implantado. ¿Esto quiere decir que no cambia nada?, ¿esto imposibilita que el sistema se transforme?, ¿por qué?

-La ciencia ha aportado, involuntariamente o no, soporte creíble a estas nuevas formas espirituales.

-La física cuántica, las nuevas humanidades, la neurociencia, las han respaldado, como anillo al dedo. Otro de los aspectos que vemos en estas nuevas formas es el encuentro entre ciencia y espiritualidad al que estamos asistiendo, así como las resistencias desde la vieja ciencia, tan poderosa. Estamos en tiempos apasionantes, desde una perspectiva de comprensión social. Pasan infinidad de cosas de una manera tan acelerada, cambios rápidos, no terminamos de acomodarnos en una realidad que nos encontramos en otra.

-Participaste en una mesa de análisis, posterior a la presentación del documental “Hijos de la Tierra”. ¿Cómo fue tu experiencia?

-No lo había visto, y me pareció que tiene un merecido premio Goya. Muy bonito, divulgativo, que llega a todo el mundo y transmite, como su nombre indica, esa simbiosis y el amor a la Madre Tierra de la que hablan muchos pueblos, esa necesidad de volver a ella. Mostró cómo se da esa relación tan estrecha, que para nosotros, occidentales, urbanitas, se nos hace tan extraña.

-¿Gente “rara”?

-Había gente muy normal, y es que allí te encuentras a la vecina del quinto piso, que nunca hubieras pensado.

-Hay que perder un poco el miedo, la sociedad debería hacerlo frente a estos temas, como el chamanismo.

-Esto ocurre, y no hay más que hablar. No podemos obviarlo ni negarlo, ni hacer como que no está pasando.

-Porque nos encontraremos a la vecina del quinto…

-Claro, para mí ya es una gran satisfacción constatar que eso está ocurriendo. Precisamente, el chamanismo es lo último en que he estado trabajando. Es interesante ver cómo se están desarrollando esos conocimientos, sus prácticas, y cómo dan lugar a nuevas configuraciones. El chamanismo está en una gran efervescencia, imagino que tal como sucedió con el yoga, que empezó en España en los años 70 y mira adónde ha llegado, está en todas partes, barrios, pueblos, ciudades… En Valencia a partir de 2005 se instalan las primeras escuelas de chamanismo. ¿Por qué se hace un curso de chamán? Para mí la gente busca estrategias, formas de gestionar su vida, que les den respuesta y sentido. Ahora, en España, tenemos chamanes, muchísimos, que son producto de lo que han aprendido y lo que ellos mismos han experimentado. Hacen su escuela y por lo tanto hay una proliferación de chamanismo.

-Es otra señal de atención de que así como vamos, globalmente, no hay un futuro posible.

-¡Qué ganas tenemos de encontrar respuestas, soluciones y de situarnos en otro punto en la vida, que no es para nada el vigente! Hay una creatividad mayúscula, más allá de si son o no chamanes auténticos… ¿Y qué? ¡Esto está dando soluciones a las personas, funciona, da estrategias! Es muy divertido escuchar las discusiones sobre la autenticidad… Sirven, provocan cambios sustanciales en la sociedad, muy rápidamente. Todo el abanico de opciones, la gente lo vive desde su propia experiencia y es ésta únicamente la que le dice si le vale o no.



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Stanislav Kondratiev
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